Oro.

Vazquiano

Kevin vazquez castañon
Digo que todo lo que me asusta vale oro.

Es decir, el oro de los negros, de los vagabundos.

Asi de acrecentado es el amor en mi, y ,de hecho,

muerde mi concienzuda cabeza por los laterales.



Vale un oro como el de las parametros mas fisicos.

Un oso del oro, parezco. Un rabo de leon... ¡Un estupido!.

Por si nadie cree que lo loco se haya fusionado

en una aleacion de maldad y cariño, con ello, observen...



La chica se caldeo al decirle yo esto a su oido...

Y me dijo que nunca mas la volviera a ver, ¡jamas!.

Es de un desagrado para mi vida, que nunca me he

vuelto a sentir con las damas al mismo grado tactico.
 
Somos engendros humanos, y por ello, estúpidos, hediondos y subnormales.
También podemos considerarnos únicos y especiales, soberanos e independientes, bravos y dignos, nobles y audaces, libres y divinos. Pero en el fondo, la gente quiere sufrir.


Y volvemos a las andadas:


a ) Soy un ser actuando en un sin-fin, que experimenta un eterno fracaso.
b ) Soy una pesadilla nocturna, una enfermedad mental, y una drogo-dependencia.
c ) Soy la blasfemia, el Infierno y la dictadura de una nación.


¡ Bien ! Nos hemos desahogado. Ya, podemos intentar hacer el Bien.
Porque el Bien se compensa con el Mal.
Pero no todo es daño...


Si lo fuera, no sería posible la vida, en ningún planeta del Cosmos. Y estamos aquí. Luego por tanto, ¡ Hay vida !
 
Digo que todo lo que me asusta vale oro.

Es decir, el oro de los negros, de los vagabundos.

Asi de acrecentado es el amor en mi, y ,de hecho,

muerde mi concienzuda cabeza por los laterales.



Vale un oro como el de las parametros mas fisicos.

Un oso del oro, parezco. Un rabo de leon... ¡Un estupido!.

Por si nadie cree que lo loco se haya fusionado

en una aleacion de maldad y cariño, con ello, observen...



La chica se caldeo al decirle yo esto a su oido...

Y me dijo que nunca mas la volviera a ver, ¡jamas!.

Es de un desagrado para mi vida, que nunca me he

vuelto a sentir con las damas al mismo grado tactico.

Vainas que nos pasan a los poetas, compañero. Además, con las mujeres nunca se sabe. Son de una dimensión que nos queda ancha. Hacemos lo que podemos y a veces lo que nos toca es una bofetada... o un adiós condenado. Es el precio de ser tú.
 

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