Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Al levantarme con los pies todavía mojados de sueño
me sentía huir bajo el grifo de un espejo donde no me quería ver.
Algunas mañanas me hundía en su frío y otras me inventaba unos remos
y navegaba junto al tapón del lavabo a fantásticos lugares donde sentirme bien.
Luchaba con las paredes, empujaba los muebles, golpeaba el suelo,
abría las persianas, olvidaba la luna, miraba el sol, quería anochecer
y volver al mar en calma de sábanas en mi cuerpo
y arroparme y cerrar los ojos y olvidarme de mí ayer.
Pero me levantaba, con los pies helados de recordar infiernos,
me levantaba, habría las cortinas para ver amanecer,
todavía era de noche se hundía a flote la luna de tanto universo
y allí, apoyado en la ventana, aprendí a dejar de llover.
Le hablé a las estrellas, ¿no tenéis donde esconderos?,
podéis entrar en mi casa, os dejo mi pared
para que juguéis a luces donde ayer hubo retratos y hoy solo agujeros,
para que me enseñéis a confiar en alguien y me ayudéis a volver a querer.
Una, se llamaba poesía y de tanta tinta me manchó de besos,
otra se llamaba rima y rimó mi alma de niño con mi corazón de envejecer.
Una, me tatúo la piel con alas bajo mi propio cielo,
otra me borró el miedo, me empujó al mañana. Y a esa, nunca la olvidaré.
me sentía huir bajo el grifo de un espejo donde no me quería ver.
Algunas mañanas me hundía en su frío y otras me inventaba unos remos
y navegaba junto al tapón del lavabo a fantásticos lugares donde sentirme bien.
Luchaba con las paredes, empujaba los muebles, golpeaba el suelo,
abría las persianas, olvidaba la luna, miraba el sol, quería anochecer
y volver al mar en calma de sábanas en mi cuerpo
y arroparme y cerrar los ojos y olvidarme de mí ayer.
Pero me levantaba, con los pies helados de recordar infiernos,
me levantaba, habría las cortinas para ver amanecer,
todavía era de noche se hundía a flote la luna de tanto universo
y allí, apoyado en la ventana, aprendí a dejar de llover.
Le hablé a las estrellas, ¿no tenéis donde esconderos?,
podéis entrar en mi casa, os dejo mi pared
para que juguéis a luces donde ayer hubo retratos y hoy solo agujeros,
para que me enseñéis a confiar en alguien y me ayudéis a volver a querer.
Una, se llamaba poesía y de tanta tinta me manchó de besos,
otra se llamaba rima y rimó mi alma de niño con mi corazón de envejecer.
Una, me tatúo la piel con alas bajo mi propio cielo,
otra me borró el miedo, me empujó al mañana. Y a esa, nunca la olvidaré.