Amartemisa
Poetisa
(Dedicado a David, Elsa y Santiago con todo mi cariño)
En esta tarde de suspiros fallidos,
donde mi alma se escuece ácida,
como el limón exprimido en mi sangre,
os recuerdo...
Como una caricia mágica escondida
tras el despertar de la luna desperezándose,
como el beso de una magnolia recién nacida,
como el vuelo de un pájaro planeando.
Os recuerdo...
Con la brisa que envuelve vuestro olor,
con esa sonrisa que aprieta mi pecho,
con los ricitos de un ángel,
con la piel de una rosa que se escurre
entre los dedos cuando cogéis mi mano.
Os recuerdo...
En el cuento, en la canción de cuna,
en las palabras de ternura deslizándose al aire,
en los ojos de la fantasía y la inocencia,
en mi corazón cuando os siente cerca.
Os recuerdo sin que os hayais marchado,
sin que el nombre y las caritas se pierdan
entre días de la semana y horas impacientes,
en la amargura entretenida de vuestra sangre
y aquí otra niña que os adora tanto, tanto...,
sin apenas conoceros. Pero que dulce dolor
que os siento con tan sólo dos instantes.
Os recuerdo tan cerca..., sin llegar a ser
de mi cuerpo, que permaneceréis para siempre
en los silencios de mis horas.
En esta tarde de suspiros fallidos,
donde mi alma se escuece ácida,
como el limón exprimido en mi sangre,
os recuerdo...
Como una caricia mágica escondida
tras el despertar de la luna desperezándose,
como el beso de una magnolia recién nacida,
como el vuelo de un pájaro planeando.
Os recuerdo...
Con la brisa que envuelve vuestro olor,
con esa sonrisa que aprieta mi pecho,
con los ricitos de un ángel,
con la piel de una rosa que se escurre
entre los dedos cuando cogéis mi mano.
Os recuerdo...
En el cuento, en la canción de cuna,
en las palabras de ternura deslizándose al aire,
en los ojos de la fantasía y la inocencia,
en mi corazón cuando os siente cerca.
Os recuerdo sin que os hayais marchado,
sin que el nombre y las caritas se pierdan
entre días de la semana y horas impacientes,
en la amargura entretenida de vuestra sangre
y aquí otra niña que os adora tanto, tanto...,
sin apenas conoceros. Pero que dulce dolor
que os siento con tan sólo dos instantes.
Os recuerdo tan cerca..., sin llegar a ser
de mi cuerpo, que permaneceréis para siempre
en los silencios de mis horas.