Adrian Gerardo
Poeta fiel al portal

Presenciaron mis ojos, la tez café del otoño, arrime la furia del viento y me sentí enano de milagros. Unos pasos me siguieron, entre piedras de parda peregrinación, aquel sapo no tuvo nombres, pero si una ambición.
No soy quien para morir joven, a la máxima expresión, de narrar historias nuevas, a la veleta de tu imaginación.
Le propuse un beso al horizonte, nacarado su silbido deslizo, detente en lo alto de las cumbres, junto a los cóndores de bravura respondió. Me puse cómodo entre miradas de familiar bienvenida, de pronto la vorágine centello en mi frente, todo quedo plasmado.
Y en esos cielos, donde aprenden a flotar los hombres, descubrí un amigo, ese árbol de brazos volátiles, que inusitada calma le cuenta al mundo. Entonces creció la noche, no sabía la hora, me tome el pulso, no se para que, mi piel estaba hermosamente impregnada.
Desde aquel día enmarque, una cita en cómodo lugar, calado mi corazón demás, por este viejo oleo, de Otoño sin igual.