Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se vistió de otoño el camino
en las hojas derramadas.
Un sol pálido, tiembla fríos
en el cielo desvaído;
cielo que fue vereda
para recoger sus pasos,
alejándose.
Me duelen las hojas que sus pies hollaron;
me hieren las huellas que,
en el polvo del sendero, las hojas cubrieron.
Ahora la busco. Te busco
sin saber si a ti, mi voz llega,
mientras se enturbia de horizontes,
vacíos horizontes, mi vista ciega.
Hay un amarillo de hojas que entierran,
(muertas hojas entre filas de chopos),
la melancolía de la carretera.
Ya es otoño; otoño en el corazón,
llenando el pensamiento,
otoño de amor y vida.
Otoño, mi ser vistiendo.
en las hojas derramadas.
Un sol pálido, tiembla fríos
en el cielo desvaído;
cielo que fue vereda
para recoger sus pasos,
alejándose.
Me duelen las hojas que sus pies hollaron;
me hieren las huellas que,
en el polvo del sendero, las hojas cubrieron.
Ahora la busco. Te busco
sin saber si a ti, mi voz llega,
mientras se enturbia de horizontes,
vacíos horizontes, mi vista ciega.
Hay un amarillo de hojas que entierran,
(muertas hojas entre filas de chopos),
la melancolía de la carretera.
Ya es otoño; otoño en el corazón,
llenando el pensamiento,
otoño de amor y vida.
Otoño, mi ser vistiendo.