Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
“OTRA VEZ, UNA VEZ MAS: ALGO PARA TI”
Amor mío, si vieras la tristeza que me da verte de lejos y no poder sonreírte siquiera. Fingirnos dos desconocidos cualquiera cuando tu yo fuimos mucho, mucho mas que amigos.
Todavía la pasión que en mi despertabas me causa angustia y me lastima porque después de ti, besar y amar, fueron cosa distinta.
Si vieras cuantas veces he deseado que se valiera al pie de tu ventana cantarte lo que yo siento sin que los demás lo oyeran. Abrir nomás a ti mi alma y decirte que me he quedado sin saber por que Dios aparto la dicha de nuestras manos.
Nuestras manos, yo se que no las has olvidado, unidas, cuantas cosas nos comunicaron. Yo se que no nací para que me olvidaras, ni yo para olvidarte a ti; porque los besos que nos dábamos irán contigo, irán en mi, ellos buscaran campo y camino, porque me los diste y te los di cuando los necesitábamos, era vaciarnos así o quemarnos. Y esos recuerdos arden a través de todos los tiempos.
Tanto nos quisimos que se nos olvido la palabra egoísmo. La palabra “nosotros” era nuestro mundo. ¿Cómo fue que quedamos fuera de nuestro paraíso? ¿Por qué?
Te veo pasar y finjo que eres alguien mas y no tu; pero ante tu cercanía me duele hasta la ultima fibra del ser con que existo, porque yo guardo por ti un deseo tan vivo como el de aquel día, porque para mi, pertenecernos fue un delirio un sublime instinto que enfermo mi ser sin pensarlo. Quién me iba a decir que un placer y no un dolor habrían de herirme así toda la vida.
A veces se me vienen encima todos los recuerdos y no se que hacer con ellos, quisiera poder invitarte a amarnos sin hacerle daño a nadie.
A veces la tristeza de tus ojos me envía un mensaje infinito.
Si yo pudiera abrazarte cuando sufres y sonreír contigo cuando el mundo te dio un regalo… no se ni como logro fingir que no te amo. No entiendo tampoco por que Dios quiso que quedáramos tan a la mano, sin poder tocarnos.
Algún día, cuando el destino apague las luces que enfocan nuestras manos, yo podré buscar la tuya y habremos de ir juntos aunque sea a la tumba.
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Los Morales, Jerez, Zac. Marzo 5/97
Amor mío, si vieras la tristeza que me da verte de lejos y no poder sonreírte siquiera. Fingirnos dos desconocidos cualquiera cuando tu yo fuimos mucho, mucho mas que amigos.
Todavía la pasión que en mi despertabas me causa angustia y me lastima porque después de ti, besar y amar, fueron cosa distinta.
Si vieras cuantas veces he deseado que se valiera al pie de tu ventana cantarte lo que yo siento sin que los demás lo oyeran. Abrir nomás a ti mi alma y decirte que me he quedado sin saber por que Dios aparto la dicha de nuestras manos.
Nuestras manos, yo se que no las has olvidado, unidas, cuantas cosas nos comunicaron. Yo se que no nací para que me olvidaras, ni yo para olvidarte a ti; porque los besos que nos dábamos irán contigo, irán en mi, ellos buscaran campo y camino, porque me los diste y te los di cuando los necesitábamos, era vaciarnos así o quemarnos. Y esos recuerdos arden a través de todos los tiempos.
Tanto nos quisimos que se nos olvido la palabra egoísmo. La palabra “nosotros” era nuestro mundo. ¿Cómo fue que quedamos fuera de nuestro paraíso? ¿Por qué?
Te veo pasar y finjo que eres alguien mas y no tu; pero ante tu cercanía me duele hasta la ultima fibra del ser con que existo, porque yo guardo por ti un deseo tan vivo como el de aquel día, porque para mi, pertenecernos fue un delirio un sublime instinto que enfermo mi ser sin pensarlo. Quién me iba a decir que un placer y no un dolor habrían de herirme así toda la vida.
A veces se me vienen encima todos los recuerdos y no se que hacer con ellos, quisiera poder invitarte a amarnos sin hacerle daño a nadie.
A veces la tristeza de tus ojos me envía un mensaje infinito.
Si yo pudiera abrazarte cuando sufres y sonreír contigo cuando el mundo te dio un regalo… no se ni como logro fingir que no te amo. No entiendo tampoco por que Dios quiso que quedáramos tan a la mano, sin poder tocarnos.
Algún día, cuando el destino apague las luces que enfocan nuestras manos, yo podré buscar la tuya y habremos de ir juntos aunque sea a la tumba.
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Los Morales, Jerez, Zac. Marzo 5/97
Última edición: