charlie ía
tru váyolens
en mi familia
el pozo pasa de una generación a la siguiente
como símbolo de un poder que viene
de los antiguos:
claro, yo soy solo un alcohólico
que se sumerge a cantar los kilómetros
antes de la caída en su propia oscuridad.
evidentemente mis hijos, si es que llego a darles ese día
el dolor de traerles a este mundo, serán unos
alcohólicos
hijos de la gran puta
y verán el amanecer tornarse pink champaigne
al chirriar de los rotores en el helicóptero.
les legaré un pozo.
un pozo donde puedan
ver el reflejo de las equivocaciones
que seguiré cometiendo indefinidamente
hasta que la gran puta satisfaga todo lo insaciable
de mi inmadurez.
con mi mano, les legaré el dios de los establos
por si algún día todo se pierde;
para que se lo entreguen
a la gran puta
y puedan bailar apretándole las nalgas
fríamente
en garantía para ellos.
por supuesto, mi especialidad nunca ha sido
discurrir de legados absurdos
observando morir
el reflejo del sol. mi especialidad
son las persecuciones a toda velocidad
al disfrutar del sabor de dar caza
a los pendejos que opinan tener la seguridad
de sí mismos.
pero vos
allí acomodada sobre el borde
a la orilla del abismo
no poseés los horrores en el helicóptero:
vos
me obligás
a darme caza a mí mismo,
agazapado entre la orgía del espíritu
y esta extrañeza insoportable
que hace mierda cualquier inmadurez.