Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
El alma se pierde,
encadenada a un loco amor
o crucificada en su propio olvido.
Se pierde en sus defectos
y en lo que pudo ser.
En las calles bajo la lluvia,
en el crepitante fulgor
de un cuerpo que poseyó.
Se pierde en las amapolas marchitas
de unos labios ennegrecidos,
en los sudarios que amortajaron
lagrimas de oscura luna;
en el narcótico influjo
del movimiento de una mirada,
entre frenéticos sueños e inalcanzables deseos...
Y así,
en la cuerda floja de un eterno malabarismo
pasa su vida encontrándose
para volver a perderse.
encadenada a un loco amor
o crucificada en su propio olvido.
Se pierde en sus defectos
y en lo que pudo ser.
En las calles bajo la lluvia,
en el crepitante fulgor
de un cuerpo que poseyó.
Se pierde en las amapolas marchitas
de unos labios ennegrecidos,
en los sudarios que amortajaron
lagrimas de oscura luna;
en el narcótico influjo
del movimiento de una mirada,
entre frenéticos sueños e inalcanzables deseos...
Y así,
en la cuerda floja de un eterno malabarismo
pasa su vida encontrándose
para volver a perderse.
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