de todas las patrullas
que han acechado mi nariz,
de todas las mesas de Black Jack
de las que he escapado nadando al perrito,
de ese horizonte de sucesos cuadriculado en rojo y negro
al que siempre me asomo con intenciones de perder la señal,
de entre los libros con doble filo
que adopté como atlas personal de anatomía,
de todos estos insomnios
en los que apenas roso el sol
apilando psiquiatras, pastillas, y desteñidos “tal vez”
tú
eres la única forma de autoflagelación
en la que pretendo insistir
hasta perder la cuenta
de las cicatrices.
que han acechado mi nariz,
de todas las mesas de Black Jack
de las que he escapado nadando al perrito,
de ese horizonte de sucesos cuadriculado en rojo y negro
al que siempre me asomo con intenciones de perder la señal,
de entre los libros con doble filo
que adopté como atlas personal de anatomía,
de todos estos insomnios
en los que apenas roso el sol
apilando psiquiatras, pastillas, y desteñidos “tal vez”
tú
eres la única forma de autoflagelación
en la que pretendo insistir
hasta perder la cuenta
de las cicatrices.