Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tiende a caer al cántaro con la noche impresa
y las olas por las ramas.
Hago su boca al abrir un mango
y su voz amarra libélulas
para atracar en el viento
donde ya la esperan mis próximas manos.
Aún si su tardanza no le usurpa el gesto
de descorrer persianas
y se presenta en su cuerpo
sobre la pared de humo
como una residente momentánea
que se ampara del aguacero,
sigo creyendo que solo es una palabra
cubierta de musgo.
Su elemento es un principio acústico,
una onda que activa el agua,
el aire que tañe y esculpe
los movimientos de su danza,
en la música que surge,
en la voz que la encuentra.
Yo dije esa palabra
cuando recién fuimos tiempo
y empezamos a ser otros.
Ella me enunció la mirada
con el primer cristal de luz
encaminado a prismatizar sus ojos.
No recuerdo el verbo de esa voz,
pero lo busco en el fondo de su corazón
que se asoma en sus labios,
en el palimpsesto de su boca
entre restos de canciones
y besos mal borrados.
Mi destino es encontrar su palabra
en esta búsqueda condenada al fracaso.
Ni siquiera puedo hablar con su silencio
porque tengo la boca atravesada
por donde cunde más un dolor sonoro.
Ella está escrita en un idioma nuevo
que solo comprenden las nubes soñadas
por amantes muertos de insomnio.
y las olas por las ramas.
Hago su boca al abrir un mango
y su voz amarra libélulas
para atracar en el viento
donde ya la esperan mis próximas manos.
Aún si su tardanza no le usurpa el gesto
de descorrer persianas
y se presenta en su cuerpo
sobre la pared de humo
como una residente momentánea
que se ampara del aguacero,
sigo creyendo que solo es una palabra
cubierta de musgo.
Su elemento es un principio acústico,
una onda que activa el agua,
el aire que tañe y esculpe
los movimientos de su danza,
en la música que surge,
en la voz que la encuentra.
Yo dije esa palabra
cuando recién fuimos tiempo
y empezamos a ser otros.
Ella me enunció la mirada
con el primer cristal de luz
encaminado a prismatizar sus ojos.
No recuerdo el verbo de esa voz,
pero lo busco en el fondo de su corazón
que se asoma en sus labios,
en el palimpsesto de su boca
entre restos de canciones
y besos mal borrados.
Mi destino es encontrar su palabra
en esta búsqueda condenada al fracaso.
Ni siquiera puedo hablar con su silencio
porque tengo la boca atravesada
por donde cunde más un dolor sonoro.
Ella está escrita en un idioma nuevo
que solo comprenden las nubes soñadas
por amantes muertos de insomnio.
24 de junio de 2015
Última edición: