Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
La fiesta ha decaído. Solo quedamos
los que tienen un sitio al que no quieren llegar.
El hombre que me contaba los acontecimientos
de su vida hace rato se quedó dormido
con los brazos cruzados sobre el pecho.
Solo recuerdo que dijo: Yo nací en el 67, cuando…
Estamos borrachos. Mañana tampoco él me recordará.
Son casi las cuatro de la madrugada. Debajo de la ropa
solo tengo el pellejo. Hace frío.
Alguien se conecta a los altoparlantes, escucho
un anuncio de Spotify. Luego, reconozco esa canción,
su armónica de terrible belleza me revuelve la niebla
del Benson & Hedges frente a mis ojos.
No sé quién le dijo a Dylan: ¡Oye, Bob, cantas bien!
Pero me alegro que le haya mentido.
Los tornillos de humo regresan a mi nariz,
me contaminan de su constante retorno…
Recuerdo que tenías los ojos deslumbrados
con las luces de Las Vegas cuando me dijiste:
Qué feo canta Bob Dylan, pero suena muy bien.
Y nuestros coros lo mejoraron bastante,
aún más cuando nos quedamos callados
y la voz en el CD del reproductor del Tsuru
nos veía, satisfecha. Después comenzó a sonreír.
Quisiera imperiosamente hablarle de ti
al hombre que duerme en su silla,
¿pero a quién le gusta que lo despierten
cuando se está soñando con la buena vida?
A ti tampoco. Y es tan tarde. Tengo que volver al sitio
donde hace mucho dejaste de esperar por mí.
los que tienen un sitio al que no quieren llegar.
El hombre que me contaba los acontecimientos
de su vida hace rato se quedó dormido
con los brazos cruzados sobre el pecho.
Solo recuerdo que dijo: Yo nací en el 67, cuando…
Estamos borrachos. Mañana tampoco él me recordará.
Son casi las cuatro de la madrugada. Debajo de la ropa
solo tengo el pellejo. Hace frío.
Alguien se conecta a los altoparlantes, escucho
un anuncio de Spotify. Luego, reconozco esa canción,
su armónica de terrible belleza me revuelve la niebla
del Benson & Hedges frente a mis ojos.
No sé quién le dijo a Dylan: ¡Oye, Bob, cantas bien!
Pero me alegro que le haya mentido.
Los tornillos de humo regresan a mi nariz,
me contaminan de su constante retorno…
Recuerdo que tenías los ojos deslumbrados
con las luces de Las Vegas cuando me dijiste:
Qué feo canta Bob Dylan, pero suena muy bien.
Y nuestros coros lo mejoraron bastante,
aún más cuando nos quedamos callados
y la voz en el CD del reproductor del Tsuru
nos veía, satisfecha. Después comenzó a sonreír.
Quisiera imperiosamente hablarle de ti
al hombre que duerme en su silla,
¿pero a quién le gusta que lo despierten
cuando se está soñando con la buena vida?
A ti tampoco. Y es tan tarde. Tengo que volver al sitio
donde hace mucho dejaste de esperar por mí.
15 de octubre de 2023
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