Raamses
Poeta asiduo al portal
Las serpientes púrpuras danzan,
cerca del día en quebranto,
mientras todo está bien
y tu anciedad bajó el cero absoluto.
Se te encuentra en el recuerdo,
mas no eres el olvido más reciente,
aún se te siente viva en el silencio,
descolocandote para hacerte notar.
Padeces la enfermedad de la emoción.
Padeces sin emoción tu corrosión.
Padeces enferma en la ruina cómo tus sonrisas.
No hay cura que cure la cura de otro mal.
Tus aspirinas están sobre los discos de rock,
tus bendas dentro del juego de cuchillos,
las jeringas ruedan al azar por tu bañera
y la solución al mal siempre duele más que esperar.
Te levantas y no deseas caminar,
te recuestas para odiar a tu espalda descansar,
en círculo construyes tus días preferidos
para luego escaparte por la entrada, la que duele.
Padeces de una enfermedad no terminal,
la que te acaba todos los días.
Padeces de una hepatitis de constancia,
algo que te cambia la mirada rapidamente.
Padeces de una cervicalitis aguda,
la que te esta torciendo el camino de tus sueños.
Pero conozco también a la chica adrenalina,
conozco muy bien a la que pinta el cielo a su gusto.
Envidio tus sonrisas, envidio tu confort,
porque fue fácil darse cuenta de que encontraste la felicidad.
Eres la que corría cuando había que caminar,
eras la que rompía a pedazos las barreras,
la que quemaba en la hoguera a la inseguridad.
¿Y por qué ahora la que se quema eres tú?
Esperas, pero el tiempo ya no funciona cerca,
hay fracturas en los músculos y quebrantos de corazón,
hay un malestar general sobre las desiciones
y la morfina se siente penosa ante tantas heridas.
El miedo ronda cerca, cómo un buitre,
la carroña eres tú sintiéndote así
y me da rabia decir esto pero
tus besos saben al amor que se pudre contigo.
Padeces de la enfermedad más extraña,
la que todos contraemos y sabemos curar.
Padeces de una infección espontánea
y yo no sé porque reaccionaste a morir.
Padeces una enfermedad que no es de hospital,
hasta ahora es de manicomio, es donde estás.
Te quiero de vuelta, tu mundo nuevo no es seguro,
por las heridas en tus venas y por no tener sueños que contarme,
por los gigantes que te están pisoteando que son miles de enanos,
por la incertidumbre de devolver los cambios y de amanecer con el desastre,
y por la confusión en tu mente de ya no saber que soy mejor que tus fantasmas.
Es que te quiero de vuelta, es que te deseas de regreso,
es que te extrañas a distancia, es que no me recuerdas en lejanía,
es que necesitas cualquier cumpleaños, es que necesitas mi presencia y no a ti,
es que la música que te resuena son los pedazos,
es que las conversaciones nunca hechas es lo demás,
es que ya no te peinas tu cabello, lo tiñes en inconciencia,
es que estas loca y te odio, tu nunca estuviste demente, te odio,
es que son tus marcas no tus golpes,
es que eras la de antes no la que nadie conoce ahora,
dibujas tu frustración, esculpes tu desquiciamiento
y te enfermas padeciendo lo que puede ser tu vacuna para siempre.
cerca del día en quebranto,
mientras todo está bien
y tu anciedad bajó el cero absoluto.
Se te encuentra en el recuerdo,
mas no eres el olvido más reciente,
aún se te siente viva en el silencio,
descolocandote para hacerte notar.
Padeces la enfermedad de la emoción.
Padeces sin emoción tu corrosión.
Padeces enferma en la ruina cómo tus sonrisas.
No hay cura que cure la cura de otro mal.
Tus aspirinas están sobre los discos de rock,
tus bendas dentro del juego de cuchillos,
las jeringas ruedan al azar por tu bañera
y la solución al mal siempre duele más que esperar.
Te levantas y no deseas caminar,
te recuestas para odiar a tu espalda descansar,
en círculo construyes tus días preferidos
para luego escaparte por la entrada, la que duele.
Padeces de una enfermedad no terminal,
la que te acaba todos los días.
Padeces de una hepatitis de constancia,
algo que te cambia la mirada rapidamente.
Padeces de una cervicalitis aguda,
la que te esta torciendo el camino de tus sueños.
Pero conozco también a la chica adrenalina,
conozco muy bien a la que pinta el cielo a su gusto.
Envidio tus sonrisas, envidio tu confort,
porque fue fácil darse cuenta de que encontraste la felicidad.
Eres la que corría cuando había que caminar,
eras la que rompía a pedazos las barreras,
la que quemaba en la hoguera a la inseguridad.
¿Y por qué ahora la que se quema eres tú?
Esperas, pero el tiempo ya no funciona cerca,
hay fracturas en los músculos y quebrantos de corazón,
hay un malestar general sobre las desiciones
y la morfina se siente penosa ante tantas heridas.
El miedo ronda cerca, cómo un buitre,
la carroña eres tú sintiéndote así
y me da rabia decir esto pero
tus besos saben al amor que se pudre contigo.
Padeces de la enfermedad más extraña,
la que todos contraemos y sabemos curar.
Padeces de una infección espontánea
y yo no sé porque reaccionaste a morir.
Padeces una enfermedad que no es de hospital,
hasta ahora es de manicomio, es donde estás.
Te quiero de vuelta, tu mundo nuevo no es seguro,
por las heridas en tus venas y por no tener sueños que contarme,
por los gigantes que te están pisoteando que son miles de enanos,
por la incertidumbre de devolver los cambios y de amanecer con el desastre,
y por la confusión en tu mente de ya no saber que soy mejor que tus fantasmas.
Es que te quiero de vuelta, es que te deseas de regreso,
es que te extrañas a distancia, es que no me recuerdas en lejanía,
es que necesitas cualquier cumpleaños, es que necesitas mi presencia y no a ti,
es que la música que te resuena son los pedazos,
es que las conversaciones nunca hechas es lo demás,
es que ya no te peinas tu cabello, lo tiñes en inconciencia,
es que estas loca y te odio, tu nunca estuviste demente, te odio,
es que son tus marcas no tus golpes,
es que eras la de antes no la que nadie conoce ahora,
dibujas tu frustración, esculpes tu desquiciamiento
y te enfermas padeciendo lo que puede ser tu vacuna para siempre.
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