orlando medina
Poeta recién llegado
PÁGINAS DE UNA VIDA INÉDITA
Páginas en blanco es,
llenas de tanto vacío,
esperando con ansia veleidosa
esa tinta que le de un poco de color,
un poco de forma,
un poco de lo necesario para brillar.
Camina a veces conmigo confundida
y con sus manos colmadas de inviernos.
Ciega, pero aún así
camina escudriñando su significado.
Recoge la gran cantidad de horas muertas
y se da cuenta de lo inexorable que es el tiempo.
Desfigurada de tanto llorar,
con el cansancio colgándole de las vísceras,
sorprendida por lo efímero de la felicidad
mientras se le tejen sonrisas con hilos de ironía en su boca.
¡Ah, la felicidad!, esa estrella fugaz que queremos en legión tomar
para así llenar nuestras copas sedientas de luz,
ese pan efervescente que mitiga nuestra miseria.
Es difícil para muchos comprender que su cuerpo no es más que un mosaico de ilusiones.
Nada más eso.
Un ínfimo huracán de perfumes embriagadores.
Ave sin alas es,
cercenadas por las manos ensiformes del destino,
por eso no te pertenece el cielo.
Se que envidias a las palomas que constantemente la acarician,
se que a veces eres mordida por la desesperación.
Pues descansa bajo el gran árbol de la esperanza,
su fuerza es aún mayor que la del odio o el miedo,
son tantas las almas taciturnas que en el se apoyan,
son tantos los peregrinos mutilados por la ironía.
Madriguera de dolor es,
la nieve de los años van apagando tu juventud,
en tu recorrer se va adhiriendo sin pudor el polvo de la soledad,
con la piel de la inocencia desgarrada por la inmundicia,
huérfana de paz,
se van oscureciendo el esmalte de miles y miles de sueños,
cantidad igual de tropiezos,
no en vano te aferras a los blancos cabellos de la eternidad
con la fuerza de un joven enamorado,
y sigues socavando en las entrañas de tu origen
en busca de tesoros inauditos,
en busca de siluetas llenas de poesía.
Tus ojos fueron testigos de la génesis de cada sueño,
tu rostro manchado con las cenizas de mis amores,
tus pies húmedos por el charco de tantas lágrimas muertas,
hastiada de una y mil batallas sin gloria, sin sentido
Páginas en blanco es,
llenas de tanto vacío,
esperando con ansia veleidosa
esa tinta que le de un poco de color,
un poco de forma,
un poco de lo necesario para brillar.
Camina a veces conmigo confundida
y con sus manos colmadas de inviernos.
Ciega, pero aún así
camina escudriñando su significado.
Recoge la gran cantidad de horas muertas
y se da cuenta de lo inexorable que es el tiempo.
Desfigurada de tanto llorar,
con el cansancio colgándole de las vísceras,
sorprendida por lo efímero de la felicidad
mientras se le tejen sonrisas con hilos de ironía en su boca.
¡Ah, la felicidad!, esa estrella fugaz que queremos en legión tomar
para así llenar nuestras copas sedientas de luz,
ese pan efervescente que mitiga nuestra miseria.
Es difícil para muchos comprender que su cuerpo no es más que un mosaico de ilusiones.
Nada más eso.
Un ínfimo huracán de perfumes embriagadores.
Ave sin alas es,
cercenadas por las manos ensiformes del destino,
por eso no te pertenece el cielo.
Se que envidias a las palomas que constantemente la acarician,
se que a veces eres mordida por la desesperación.
Pues descansa bajo el gran árbol de la esperanza,
su fuerza es aún mayor que la del odio o el miedo,
son tantas las almas taciturnas que en el se apoyan,
son tantos los peregrinos mutilados por la ironía.
Madriguera de dolor es,
la nieve de los años van apagando tu juventud,
en tu recorrer se va adhiriendo sin pudor el polvo de la soledad,
con la piel de la inocencia desgarrada por la inmundicia,
huérfana de paz,
se van oscureciendo el esmalte de miles y miles de sueños,
cantidad igual de tropiezos,
no en vano te aferras a los blancos cabellos de la eternidad
con la fuerza de un joven enamorado,
y sigues socavando en las entrañas de tu origen
en busca de tesoros inauditos,
en busca de siluetas llenas de poesía.
Tus ojos fueron testigos de la génesis de cada sueño,
tu rostro manchado con las cenizas de mis amores,
tus pies húmedos por el charco de tantas lágrimas muertas,
hastiada de una y mil batallas sin gloria, sin sentido