Me turba la impertinencia de la memoria
que no logra escapar de los pasados,
ya se quedaron las sombras en la superficie
de los lejanos astros innombrables ,
las arañas vividas en las profundas raíces
y la oquedad del labio insatisfecho
invocando abismos y realidades.
Me quema aprender a crecer,
postrarme en tu ataud de vida
que enreda la maleza
en las piernas de la tierra,
me pudre besar los cuernos de la fiebre
y olvidar mi canción por los aires
de ídolos y suspiros.
Oigo el rumor guardado del viento
y el barullo de la muchedumbre,
el tiempo moldea inabarcables perfiles
que forman las fronteras de mi paisaje.
Ahora ya he aprendido a traspasar
el mundo de los otros ,
he nacido mil veces
en la naturaleza sin nombre,
en el despojo de cuajo,
en el destino desnudo
de una página en blanco.
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