Perdido en éste trance de viajar
de uno a otro lado, llego hasta tu río
huérfano de aguas en verano.
Y tú San Agustín, me das la mano
para sentirme de nuevo protegido.
Mi corazón llegaba malherido
Contemplando las orillas de tu cauce
admiro el contenido que lo adorna
selvas de alisos y enamorados sauces
besandose verdes en las sombras
y que amparan un nido de torcaces
Mi corazón los mira y se complace
Descubro Moncalvillo y su dehesa
que duele de alegría, llena de vida,
encinares, enebros y quejígos.
Brillante bajo el sol de amanecida
oscura en el ocaso atardecido.
Mi corazón suspira agradecido
Serpentea el camino a la Retuerta
que baila entre jaras y retamas.
De repente, como un cíclope dormido
(arco interior que allí lo mece)
de repente digo, allí aparece
el acueducto. Enorme, erguido,
visión de siete ojos, siete olas
que en la piedra, rompen alegremente
Mi corazón ya canta dulcemente
San Agustín desde lo alto se divisa
entre los valles que acarician su cintura,
la sima que explosiona en su bravura
y las veredas dibujando una sonrisa.
Mi corazón ahora late más deprisa
Bosteza una tarde que dormita
por éste mes de julio caducado
y un rayo de sol extraviado
blanquea el horizonte de la ermita.
Mi corazón emocionado ya se agita
Quiero quedarme aquí enamorado
y disfrutar la soledad de este relato
bajo la luz de esta tarde verano
contemplando la Laguna de los patos
y dejar mi corazón aquí enterrado
JSS
Safe Creative
de uno a otro lado, llego hasta tu río
huérfano de aguas en verano.
Y tú San Agustín, me das la mano
para sentirme de nuevo protegido.
Mi corazón llegaba malherido
Contemplando las orillas de tu cauce
admiro el contenido que lo adorna
selvas de alisos y enamorados sauces
besandose verdes en las sombras
y que amparan un nido de torcaces
Mi corazón los mira y se complace
Descubro Moncalvillo y su dehesa
que duele de alegría, llena de vida,
encinares, enebros y quejígos.
Brillante bajo el sol de amanecida
oscura en el ocaso atardecido.
Mi corazón suspira agradecido
Serpentea el camino a la Retuerta
que baila entre jaras y retamas.
De repente, como un cíclope dormido
(arco interior que allí lo mece)
de repente digo, allí aparece
el acueducto. Enorme, erguido,
visión de siete ojos, siete olas
que en la piedra, rompen alegremente
Mi corazón ya canta dulcemente
San Agustín desde lo alto se divisa
entre los valles que acarician su cintura,
la sima que explosiona en su bravura
y las veredas dibujando una sonrisa.
Mi corazón ahora late más deprisa
Bosteza una tarde que dormita
por éste mes de julio caducado
y un rayo de sol extraviado
blanquea el horizonte de la ermita.
Mi corazón emocionado ya se agita
Quiero quedarme aquí enamorado
y disfrutar la soledad de este relato
bajo la luz de esta tarde verano
contemplando la Laguna de los patos
y dejar mi corazón aquí enterrado
JSS
Safe Creative
Última edición: