seso
Poeta asiduo al portal
Ya dejará de llorar el espacio vacío.
Allí no se habla del tiempo que pasa,
ni de la luz silenciosa e inestable,
ni de la luz nórdica del destino,
tampoco se habla del traspaso del deseo
con la que esa mujer retorna
bajo un aliento milagroso
que la hace visible, fragil,
tan fugaz como la luz silenciosa y nítida
que traspasa por varios minutos la habitación cósmica
que yace en la ventana.
Entonces todo empieza
desde el viento inconstante de su mirada
que disfruta el sexo crispado de las hojas,
cuando ambos estamos contraídos en la lenta fluencia,
en la marcha temporal del ocaso,
en su tic-tac , en su sonido de animal extasiado
y casi muerto
Entonces, dentro de ella oímos al amor
en los linderos de una casa,
en la sensualidad saliente de un paisaje deforme
con uñas que rasgan el papel azul
con que se viste la imagen rústica y compasiva
la imagen del rígido duelo simétrico e inmutable de la carne.
Entonces sentimos la eternidad que nos deja ese paisaje fugaz
Allí no se habla del tiempo que pasa,
ni de la luz silenciosa e inestable,
ni de la luz nórdica del destino,
tampoco se habla del traspaso del deseo
con la que esa mujer retorna
bajo un aliento milagroso
que la hace visible, fragil,
tan fugaz como la luz silenciosa y nítida
que traspasa por varios minutos la habitación cósmica
que yace en la ventana.
Entonces todo empieza
desde el viento inconstante de su mirada
que disfruta el sexo crispado de las hojas,
cuando ambos estamos contraídos en la lenta fluencia,
en la marcha temporal del ocaso,
en su tic-tac , en su sonido de animal extasiado
y casi muerto
Entonces, dentro de ella oímos al amor
en los linderos de una casa,
en la sensualidad saliente de un paisaje deforme
con uñas que rasgan el papel azul
con que se viste la imagen rústica y compasiva
la imagen del rígido duelo simétrico e inmutable de la carne.
Entonces sentimos la eternidad que nos deja ese paisaje fugaz