“Los gorriones corren tras los halcones”
Frase popular entre “los irmandiños”
La humillación es el enjambre de los poderosos.
Desde la fortaleza ciega
se ve un mundo insomne
de sombras perdidas en campos sin luz.
De este surco, del mísero arcón de la desgracia,
ante la voz hipócrita de la podredumbre no saciada,
desde los pequeños lugares próximos al mar,
en la llanura de las hondonadas tristes,
en el humilde lecho donde duermen la miseria y el deshonor
se alza un soliloquio compartido
que arrastra lunas en su vientre
y arroja al pie de los castillos
un lamento infinito de llagas sin perdón,
de bosques que no cubren el silencio.
Hay rostros de azar que convierten la historia en un himno.
La vergüenza es un crisol que no ampara la piedra,
árboles familiares dibujados como heridas en la memoria de los gules,
el paso breve de las azadas sobre la ceniza del tiempo.
Fueron vítores de libertad
y caminos volcados al furor,
también hojas esparcidas con la firmeza de la valentía
y un orgullo más noble que la paz de los reyes.
Alonso de Lanzós, Osorio, Joan Branco, puños de un sueño altivo,
estigmas de dios, varas de justicia, banderas de humanidad
contra la cruel sátira
de los apellidos
infames.
*La revuelta irmandiña fue una revolución social ocurrida en Galicia entre 1.467 y 1.469 donde campesinos, pequeños burgueses y artesanos se alzaron contra los abusos y el despotismo con que los trataba la nobleza gallega. Con el apoyo inicial del rey de Castilla comenzaron la revuelta que se centro en el asalto a los castillos y fortalezas de los nobles. Pasados dos años no pudieron resistir más y una coalición de la nobleza con el apoyo del rey de Portugal venció a los irmandiños. Se la considera una de las primeras revueltas sociales de Europa.
Frase popular entre “los irmandiños”
La humillación es el enjambre de los poderosos.
Desde la fortaleza ciega
se ve un mundo insomne
de sombras perdidas en campos sin luz.
De este surco, del mísero arcón de la desgracia,
ante la voz hipócrita de la podredumbre no saciada,
desde los pequeños lugares próximos al mar,
en la llanura de las hondonadas tristes,
en el humilde lecho donde duermen la miseria y el deshonor
se alza un soliloquio compartido
que arrastra lunas en su vientre
y arroja al pie de los castillos
un lamento infinito de llagas sin perdón,
de bosques que no cubren el silencio.
Hay rostros de azar que convierten la historia en un himno.
La vergüenza es un crisol que no ampara la piedra,
árboles familiares dibujados como heridas en la memoria de los gules,
el paso breve de las azadas sobre la ceniza del tiempo.
Fueron vítores de libertad
y caminos volcados al furor,
también hojas esparcidas con la firmeza de la valentía
y un orgullo más noble que la paz de los reyes.
Alonso de Lanzós, Osorio, Joan Branco, puños de un sueño altivo,
estigmas de dios, varas de justicia, banderas de humanidad
contra la cruel sátira
de los apellidos
infames.
*La revuelta irmandiña fue una revolución social ocurrida en Galicia entre 1.467 y 1.469 donde campesinos, pequeños burgueses y artesanos se alzaron contra los abusos y el despotismo con que los trataba la nobleza gallega. Con el apoyo inicial del rey de Castilla comenzaron la revuelta que se centro en el asalto a los castillos y fortalezas de los nobles. Pasados dos años no pudieron resistir más y una coalición de la nobleza con el apoyo del rey de Portugal venció a los irmandiños. Se la considera una de las primeras revueltas sociales de Europa.