Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
CAZALLA DE LA SIERRA
Insinuante te levantas
entre la verde y abrupta sierra.
Monumento eterno y viejo,
fusión de cal y de piedra.
Mitológico laberinto,
de altozanos y de cuestas.
Tu hermosa geografía,
filigrana de encaje hecha.
Fría fuente entre pizarra
bordón de plata entre piedras,
“peñasquitos” del Judío
donde el agua mana eterna.
¡Ay! Fuentes de mi Cazalla
Tus aguas corren ligeras
El Chorrillo, la Recacha
el Consejo, Fuentenueva.
Brotan cantarinas y vivas.
El viento con ellas juegan.
Tabernas de cántaro y barro,
ebrias de verdín y piedra.
Las ranas croando cansinas
en el regajo y la alberca.
El tórrido sol del verano
dora las mieses en la era.
Mi nostalgia se hace aroma.
a tahonas de pan de leña,
de pestiños y de aguardiente,
y a las migas recién hechas.
Hueles a jara y romero,
al orillo y madreselva,
a ese tomillo y poleo,
que junto quejigo reina.
Alcornoques, olivares,
encinas pardas, sedientas.
Es el marco incomparable
para esta bendita tierra.
Las acacias carcomidas,
en fila en el Moro velan.
Son enhiestos viejos soldados
con vieja heridas de guerras.
Tu añeja plaza de toros,
anillo de cal y arena,
ungido por oro y sangre
de mitos y de leyendas.
El viento silba canciones
entre las altas moreras.
Trenza la luna el camino
del Monte y la rivera.
La ermita en el horizonte
recorta su silueta.
Brocal que invita asomarse,
al cauce que corretea.
Serpenteante y tembloroso
que corre entre la arboleda.
Aguas limpias, aguas claras,
aguas cristalinas llevan.
Vuelvo sobre mis pasos
tras una hermosa carreta
Cazalla la esta esperando
cohetes en el judío suenan
Entra la Virgen del Monte.
Por sevillanas le rezan.
Los romeros a caballo
con flores le hace ofrendas.
Al fresco, junto a mi puerta,
cierro los ojos y suspiro.
El tiempo queda parado.
Mi alma de ti se anega.
M. Carmen Pacheco Sánchez
Insinuante te levantas
entre la verde y abrupta sierra.
Monumento eterno y viejo,
fusión de cal y de piedra.
Mitológico laberinto,
de altozanos y de cuestas.
Tu hermosa geografía,
filigrana de encaje hecha.
Fría fuente entre pizarra
bordón de plata entre piedras,
“peñasquitos” del Judío
donde el agua mana eterna.
¡Ay! Fuentes de mi Cazalla
Tus aguas corren ligeras
El Chorrillo, la Recacha
el Consejo, Fuentenueva.
Brotan cantarinas y vivas.
El viento con ellas juegan.
Tabernas de cántaro y barro,
ebrias de verdín y piedra.
Las ranas croando cansinas
en el regajo y la alberca.
El tórrido sol del verano
dora las mieses en la era.
Mi nostalgia se hace aroma.
a tahonas de pan de leña,
de pestiños y de aguardiente,
y a las migas recién hechas.
Hueles a jara y romero,
al orillo y madreselva,
a ese tomillo y poleo,
que junto quejigo reina.
Alcornoques, olivares,
encinas pardas, sedientas.
Es el marco incomparable
para esta bendita tierra.
Las acacias carcomidas,
en fila en el Moro velan.
Son enhiestos viejos soldados
con vieja heridas de guerras.
Tu añeja plaza de toros,
anillo de cal y arena,
ungido por oro y sangre
de mitos y de leyendas.
El viento silba canciones
entre las altas moreras.
Trenza la luna el camino
del Monte y la rivera.
La ermita en el horizonte
recorta su silueta.
Brocal que invita asomarse,
al cauce que corretea.
Serpenteante y tembloroso
que corre entre la arboleda.
Aguas limpias, aguas claras,
aguas cristalinas llevan.
Vuelvo sobre mis pasos
tras una hermosa carreta
Cazalla la esta esperando
cohetes en el judío suenan
Entra la Virgen del Monte.
Por sevillanas le rezan.
Los romeros a caballo
con flores le hace ofrendas.
Al fresco, junto a mi puerta,
cierro los ojos y suspiro.
El tiempo queda parado.
Mi alma de ti se anega.
M. Carmen Pacheco Sánchez
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