Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA II.
Murmullos de ríos mansos,
que van buscando el arropo,
de los lagrímales de tus ojos,
y de auras de rubí se llena el aire,
belleza que quema en llama,
el pulido del alabastro
de un sueño ciego.
Arcángeles que se arrancan las alas,
para quedarse en tus huellas,
quieren morirse en la hoguera de la pasión,
más que les pese y no haya explicación,
del cielo renuncio sus bocas,
para besar el talento indomable,
de la frente que guarda tu pelo.
Dagas de hueso blanco
que desgarra el aire,
corta los paisajes en trozos,
se desbordo el torrente de tus ojos,
y cuando miran con tristeza,
se muere dos veces el averno,
dejan de latir los corazones,
tormento de muerto,
secos sus ojos, nadie les responde,
se cierne la tiniebla, qué se abre paso y ciega,
hasta la luz del día,
cuando con media mueca,
deja entrever, el haz de tu sonrisa.
Se ahoga el sentimiento,
cuando de tu mano sale la lanza,
que atraviesa espejos, Diana
en mil pedazos de ausencia de flores,
se clavan en las grutas del misterio,
derrite el rayo los pensamientos
y a ti te deja dentro,
impasible, en nostalgia y entre muertos ...
levitas en gloria y haces presa,
del gótico que busca amante,
entre el cocer de los calderos.
Juanjota.
Murmullos de ríos mansos,
que van buscando el arropo,
de los lagrímales de tus ojos,
y de auras de rubí se llena el aire,
belleza que quema en llama,
el pulido del alabastro
de un sueño ciego.
Arcángeles que se arrancan las alas,
para quedarse en tus huellas,
quieren morirse en la hoguera de la pasión,
más que les pese y no haya explicación,
del cielo renuncio sus bocas,
para besar el talento indomable,
de la frente que guarda tu pelo.
Dagas de hueso blanco
que desgarra el aire,
corta los paisajes en trozos,
se desbordo el torrente de tus ojos,
y cuando miran con tristeza,
se muere dos veces el averno,
dejan de latir los corazones,
tormento de muerto,
secos sus ojos, nadie les responde,
se cierne la tiniebla, qué se abre paso y ciega,
hasta la luz del día,
cuando con media mueca,
deja entrever, el haz de tu sonrisa.
Se ahoga el sentimiento,
cuando de tu mano sale la lanza,
que atraviesa espejos, Diana
en mil pedazos de ausencia de flores,
se clavan en las grutas del misterio,
derrite el rayo los pensamientos
y a ti te deja dentro,
impasible, en nostalgia y entre muertos ...
levitas en gloria y haces presa,
del gótico que busca amante,
entre el cocer de los calderos.
Juanjota.
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