Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XV.
Con una voz delgada y triste,
entro la noche abriendo mares,
cayo en los brazos del olvido de las olas,
más penetro el deseo de muerte,
que dejo preñada a la playa,
de lágrimas de nostalgia y desecho,
se quedo el lamento, en nada.
Silencio guarda las paredes de la caja,
y en su inmenso espacio descansa,
el crepito fracaso de un cadáver,
la luna no ilumina nada, porque dentro
de la tierra no llegan los impulsos siderales,
que remueven los etéreos de la vida.
Quieto el muerto, en su otro prisma,
esta su recuerdo que vaga,
como alma en pena, buscando tus paisajes,
más la soga ahorca su carrera,
verte, quiere, derramarte odas en la boca,
sentirse atrapado entre tu mirada y el ocaso.
Del atrio, sales majestuosa,
perdida la mirada, se quedo tus lágrimas
haciéndoles ensueños a la almohada,
Diana cubre con su sombra,
el manto verde de los valles,
te sienten los parajes grises,
los que en amanecer son dorados,
los que en el vértice de un eclipse,
quieren eclipsarte los labios.
Cuerpos cargados de huesos,
se manifiestan ante la llegada,
más esperada, de tu presencia,
que de la entidad que controla,
el miedo en las calderas de un infierno,
que reverente te desea, quizás más,
que el muerto, que se quedo
a esperar, que la muerte le trajera,
uno solo de tus paisajes.
Con una voz delgada y triste,
entro la noche abriendo mares,
cayo en los brazos del olvido de las olas,
más penetro el deseo de muerte,
que dejo preñada a la playa,
de lágrimas de nostalgia y desecho,
se quedo el lamento, en nada.
Silencio guarda las paredes de la caja,
y en su inmenso espacio descansa,
el crepito fracaso de un cadáver,
la luna no ilumina nada, porque dentro
de la tierra no llegan los impulsos siderales,
que remueven los etéreos de la vida.
Quieto el muerto, en su otro prisma,
esta su recuerdo que vaga,
como alma en pena, buscando tus paisajes,
más la soga ahorca su carrera,
verte, quiere, derramarte odas en la boca,
sentirse atrapado entre tu mirada y el ocaso.
Del atrio, sales majestuosa,
perdida la mirada, se quedo tus lágrimas
haciéndoles ensueños a la almohada,
Diana cubre con su sombra,
el manto verde de los valles,
te sienten los parajes grises,
los que en amanecer son dorados,
los que en el vértice de un eclipse,
quieren eclipsarte los labios.
Cuerpos cargados de huesos,
se manifiestan ante la llegada,
más esperada, de tu presencia,
que de la entidad que controla,
el miedo en las calderas de un infierno,
que reverente te desea, quizás más,
que el muerto, que se quedo
a esperar, que la muerte le trajera,
uno solo de tus paisajes.
Juanjota.
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