Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA XXVIII.
De los doloridos ojos del un pasado,
se despierta el llanto de una nueva lluvia,
que moja todos los rincones y hasta el alma,
limpia los corazones y de las bocas brotan,
los manantiales de la alegría.
Ya quedo seco esperando un rayo de luz,
el negro mirar de un sentimiento,
dejo para siempre muertos a los silencios,
y el tiempo, castigara a que el averno,
que tenga canas en lo negro, sin destellos de brillo.
Guardó el libro del mundo, entre sus hojas,
la flor seca de tu misterio, plana y alineada,
la protegen dos versos, uno de amor, otro de guerra,
y allí esa flor quieta, recuerda que hay belleza en la vida.
Enmudece una boca de fuego,
se ahoga en asfixio de su llama,
al contemplar el latir de tus paisajes.
Un manto de crepúsculo de girasoles,
te viste el aura, Diana, de olor de flores,
se llenan los espacios y eres especia en el infierno.
De los doloridos ojos del un pasado,
se despierta el llanto de una nueva lluvia,
que moja todos los rincones y hasta el alma,
limpia los corazones y de las bocas brotan,
los manantiales de la alegría.
Ya quedo seco esperando un rayo de luz,
el negro mirar de un sentimiento,
dejo para siempre muertos a los silencios,
y el tiempo, castigara a que el averno,
que tenga canas en lo negro, sin destellos de brillo.
Guardó el libro del mundo, entre sus hojas,
la flor seca de tu misterio, plana y alineada,
la protegen dos versos, uno de amor, otro de guerra,
y allí esa flor quieta, recuerda que hay belleza en la vida.
Enmudece una boca de fuego,
se ahoga en asfixio de su llama,
al contemplar el latir de tus paisajes.
Un manto de crepúsculo de girasoles,
te viste el aura, Diana, de olor de flores,
se llenan los espacios y eres especia en el infierno.
Juanjota.