Palabra y latigo

Derghos

A la nada regresa la realidad de las palabras
‘Scientia sexualis contra ars erotica, sin duda. Pero hay que notar que el ars erotica, con todo, no ha desaparecido de la civilización occidental…’
-Michel Foucault, Historia de la sexualidad-​

No queda ya aire por respirar,

En los días que pasan

La trémula sombra

Avanza.

Su negra llama hambrienta encuentra su hogar.

Su martirio encofrado no perece

No se oculta:

Sueña con el distante espejo.

Hemos olvidado la leña ardiendo,

Dejado aquellas fantasmagóricas casas de mausoleo creyendo que un día se ahogarían;

Hemos visto el ocaso con ojos de plata

Y aún en su memoria

No era nuestro su recuerdo.

Sí fue anhelo, bárbaro anhelo sin consumar durante siglos

Y también fue extrañez, como quien no se reconoce,

Como quien se oculta detrás de su propia piel de su propia piel.

Hemos construido castillos de palabras,

Catedrales de miradas invisibles, tácitos recuerdos de mármol sin advertir el volcán;

Y el volcán nos ha advertido a nosotros.

Pero esto… sólo son palabras -dirás-

Disfraces que nos vamos poniendo para disimular nuestra desnudez,

Y puede ser así, yo no conozco el lamento del silencio obligado

De la austera nada del abismo salvaje,

Pero sé olvidar.

Puede que los ritos y los juegos nos pertenezcan,

Puede que el tacto reduzca al absurdo las infinitas teorías proclamadas desde un pedestal

Pero cada chispa que se enciende recuerda el sabor de aquel amargo fruto

De aquella manzana prohibida de la que hemos oído hablar.

Ya apenas no queda aire fresco por respirar,

Sino, tan solo, un poco por nombrar.
 
Última edición:
‘Scientia sexualis contra ars erotica, sin duda. Pero hay que notar que el ars erotica, con todo, no ha desaparecido de la civilización occidental…’
-Michel Foucault, Historia de la sexualidad-​

No queda ya aire por respirar,

En los días que pasan

La trémula sombra

Avanza.

Su negra llama hambrienta encuentra su hogar.

Su martirio encofrado no perece

No se oculta:

Sueña con el distante espejo.

Hemos olvidado la leña ardiendo,

Dejado aquellas fantasmagóricas casas de mausoleo creyendo que un día se ahogarían;

Hemos visto el ocaso con ojos de plata

Y aún en su memoria

No era nuestro su recuerdo.

Sí fue anhelo, bárbaro anhelo sin consumar durante siglos

Y también fue extrañez, como quien no se reconoce,

Como quien se oculta detrás de su propia piel de su propia piel.

Hemos construido castillos de palabras,

Catedrales de miradas invisibles, tácitos recuerdos de mármol sin advertir el volcán;

Y el volcán nos ha advertido a nosotros.

Pero esto… sólo son palabras -dirás-

Disfraces que nos vamos poniendo para disimular nuestra desnudez,

Y puede ser así, yo no conozco el lamento del silencio obligado

De la austera nada del abismo salvaje,

Pero sé olvidar.

Puede que los ritos y los juegos nos pertenezcan,

Puede que el tacto reduzca al absurdo las infinitas teorías proclamadas desde un pedestal

Pero cada chispa que se enciende recuerda el sabor de aquel amargo fruto

De aquella manzana prohibida de la que hemos oído hablar.

Ya apenas no queda aire fresco por respirar,

Sino, tan solo, un poco por nombrar.

Sin dudo somos responsables de lo malo del mundo, no aprendemos y no mejoramos. Grata lectura. Saludos.
 
Sin dudo somos responsables de lo malo del mundo, no aprendemos y no mejoramos. Grata lectura. Saludos.
No pretendia ser un poema moralista. Quizá tragico, pero en ningun caso ni maniqueo ni moralista. Más bien incluso es anti-moralista.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba