Soy una palabra inmunda
que marcha por las calles abandonada
y allá en el cementerio me hallo calavera,
una estructura de huesos sin ideas.
Una hoja arrancada de su escudo
y entre mares transeúntes
cavilo por las andadas muertas,
que una vez fueron mi lumbre.
Mi fuego, mi mar, mi primavera dulce
y mi primavera que ya expiró.
Mi sol de vida y mi haz de guerra
y entre montañas alzo mi alma
y allá mi grito, siempre al desierto,
derrocado en el olvido.
Y la luna, mi amiga y mi soledad
que alumbra mi sombra, deambula conmigo
bajo el cauto cielo
vestido de luces que son estrellas.
El paso siempre arde: pasado y presente.
Y el futuro, ahorcado en el ardid, sobrevuela
la oquedad que se lleva las arenas de la nada.
Aquellas poderosas que regían, dictaban y reinaban,
aquellas que una vez pisaron y gobernaron y, ahora,
avanzan como gotas caídas de los ojos, tristes y soñolientos.
Aquellas palabras de vida.
que marcha por las calles abandonada
y allá en el cementerio me hallo calavera,
una estructura de huesos sin ideas.
- Porque solo soy una palabra.
Una hoja arrancada de su escudo
y entre mares transeúntes
cavilo por las andadas muertas,
que una vez fueron mi lumbre.
- Porque soy una luz apagada.
Mi fuego, mi mar, mi primavera dulce
y mi primavera que ya expiró.
Mi sol de vida y mi haz de guerra
y entre montañas alzo mi alma
y allá mi grito, siempre al desierto,
derrocado en el olvido.
Y la luna, mi amiga y mi soledad
que alumbra mi sombra, deambula conmigo
bajo el cauto cielo
vestido de luces que son estrellas.
- Porque ya no miro ni anhelo.
El paso siempre arde: pasado y presente.
Y el futuro, ahorcado en el ardid, sobrevuela
la oquedad que se lleva las arenas de la nada.
Aquellas poderosas que regían, dictaban y reinaban,
aquellas que una vez pisaron y gobernaron y, ahora,
avanzan como gotas caídas de los ojos, tristes y soñolientos.
Aquellas palabras de vida.