Évano
Libre, sin dioses.
Las palabras
Son las armas del diablo,
el jugo prohibido del Edén,
un maldito vocablo
apuntando a la sien
del mundo de los hechos y del bien.
No son más que una soga
en la mente del pobre e ignorante.
Es camino que ahoga,
niebla, sombra incesante
sobre el claro paisaje que hay delante.
Serán apocalípticas,
pues tienden a cercar en lo redondo
a universos de elípticas
metáforas sin fondo.
Para la duda basta un gesto mondo.
Solo son laberinto
para nuestro cerebro maleable.
Es narrar el instinto
del ser inexplicable.
Intentar evitar lo inexorable.
Es el arma que comba
al espíritu humano, los neutrones
de la atómica bomba;
puñal de corazones,
emulsión de la vida en emociones.
Son los clavos de Cristo,
las espadas y mechas de la Guerra,
mal de todo lo visto,
simiente de desferra
para gente de hacer y andar la tierra.
Para mostrar amor
basta con dar la mano, o con un beso,
regalar una flor.
Nos sobra el contrapeso,
las palabras, que enturbian lo que expreso.
No son alma de sabio,
esta solo es la acción, pensar y el hecho;
y no el eterno enlabio,
ese constante asecho
al hacer, al silencio y al provecho.
Son las armas del diablo,
el jugo prohibido del Edén,
un maldito vocablo
apuntando a la sien
del mundo de los hechos y del bien.
No son más que una soga
en la mente del pobre e ignorante.
Es camino que ahoga,
niebla, sombra incesante
sobre el claro paisaje que hay delante.
Serán apocalípticas,
pues tienden a cercar en lo redondo
a universos de elípticas
metáforas sin fondo.
Para la duda basta un gesto mondo.
Solo son laberinto
para nuestro cerebro maleable.
Es narrar el instinto
del ser inexplicable.
Intentar evitar lo inexorable.
Es el arma que comba
al espíritu humano, los neutrones
de la atómica bomba;
puñal de corazones,
emulsión de la vida en emociones.
Son los clavos de Cristo,
las espadas y mechas de la Guerra,
mal de todo lo visto,
simiente de desferra
para gente de hacer y andar la tierra.
Para mostrar amor
basta con dar la mano, o con un beso,
regalar una flor.
Nos sobra el contrapeso,
las palabras, que enturbian lo que expreso.
No son alma de sabio,
esta solo es la acción, pensar y el hecho;
y no el eterno enlabio,
ese constante asecho
al hacer, al silencio y al provecho.
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