Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Camino.
Camino del mar,
el cielo mismo hecho sendero.
Paseo de la luz
vuelta aurora,
despertando pechos,
desgranando cada paso,
cada hora,
palabras en la boca sentidas,
sentimientos que son verso.
Una mañana
en que juega el sol
a que ilumina.
Luz,
luz que envuelta en grito
llega.
Y se descubre el alma
encorsetada,
por todo; por nada.
Por frases harto repetidas,
por sensaciones enseñadas,
aprehendidas.
Barrotes con que uno hace
la propia jaula
día a día.
Un pájaro canta
claridad de amanecida.
Despierto de la muerte,
camino voy de la vida.
II
Alhóndiga,
calle, tránsito, rúa.
Plazuela y
escalinata de San Juan.
Por todos los rincones,
en cada revuelta de la villa,
historia de huellas
que han besado
peldaños del tiempo
en piedra labrados.
Imagen
mil veces reflejada en ojos que son
espejos,
cristales a la mirada.
Travesía del Arco,
puerta,
o, acaso, muralla
que se abre al horizonte,
visión del alba.
Ronda de la estación.
Pasaje,
pasajero,
promesa de paisajes,
paisanaje viejo
y siempre nuevo.
Sol en el camino,
una canción para la marcha.
Voz de la tierra, como trino,
al romper el paso, la escarcha.
III
Canto. Agua.
Rumor de agua
en el lecho de cantos
rompiente.
Paso, salto, vuelo,
viejo puente,
Puente de Canto.
Sillería de piedra,
escorzo en el tiempo detenido,
revestido en hiedra.
Ojos de agua,
ojos al agua
que ven pasar el río.
Y el trazo,
en el suelo dibujado,
de pies andariegos
que el Camino recorrieron.
Permite en la noche
el puente,
ver las estrellas,
acicalándose
en el pasar de la corriente.
IV
Nombre,
voz,
palabra,
son.
Nombre al viento
que se enreda,
reflejos de oro,
en bucles de tu cabello.
Parada,
solaz,
solar hermoso.
Brisa fresca de la mañana.
Perfume de jazmín
y jacintos.
Narcisos que se abren
orilla del riachuelo.
Resonancias
que van naciendo
al aire de mi paso.
Siembra de aldeas,
amor de hombre,
temor de ocaso.
Nombre.
Tu nombre en el bordón,
en la venera.
Nombre
que es camino
y es reposo:
Ruta de estrellas,
almohada,
regazo en que
mi corazón poso.
Ave.
Alma.
Ave-alma que surca
espacios de sentimiento,
abocada al éter
en que se sumen sueños.
Ciudad del alma,
mundo,
universo
de gravedad libre,
sin sujeción al suelo.
Campana que rompe
con tu nombre el silencio.
Tu nombre...
tu nombre
repetido en ecos.
No basta a contenerlo
la inmensidad del cielo.
Camino del mar,
el cielo mismo hecho sendero.
Paseo de la luz
vuelta aurora,
despertando pechos,
desgranando cada paso,
cada hora,
palabras en la boca sentidas,
sentimientos que son verso.
Una mañana
en que juega el sol
a que ilumina.
Luz,
luz que envuelta en grito
llega.
Y se descubre el alma
encorsetada,
por todo; por nada.
Por frases harto repetidas,
por sensaciones enseñadas,
aprehendidas.
Barrotes con que uno hace
la propia jaula
día a día.
Un pájaro canta
claridad de amanecida.
Despierto de la muerte,
camino voy de la vida.
II
Alhóndiga,
calle, tránsito, rúa.
Plazuela y
escalinata de San Juan.
Por todos los rincones,
en cada revuelta de la villa,
historia de huellas
que han besado
peldaños del tiempo
en piedra labrados.
Imagen
mil veces reflejada en ojos que son
espejos,
cristales a la mirada.
Travesía del Arco,
puerta,
o, acaso, muralla
que se abre al horizonte,
visión del alba.
Ronda de la estación.
Pasaje,
pasajero,
promesa de paisajes,
paisanaje viejo
y siempre nuevo.
Sol en el camino,
una canción para la marcha.
Voz de la tierra, como trino,
al romper el paso, la escarcha.
III
Canto. Agua.
Rumor de agua
en el lecho de cantos
rompiente.
Paso, salto, vuelo,
viejo puente,
Puente de Canto.
Sillería de piedra,
escorzo en el tiempo detenido,
revestido en hiedra.
Ojos de agua,
ojos al agua
que ven pasar el río.
Y el trazo,
en el suelo dibujado,
de pies andariegos
que el Camino recorrieron.
Permite en la noche
el puente,
ver las estrellas,
acicalándose
en el pasar de la corriente.
IV
Nombre,
voz,
palabra,
son.
Nombre al viento
que se enreda,
reflejos de oro,
en bucles de tu cabello.
Parada,
solaz,
solar hermoso.
Brisa fresca de la mañana.
Perfume de jazmín
y jacintos.
Narcisos que se abren
orilla del riachuelo.
Resonancias
que van naciendo
al aire de mi paso.
Siembra de aldeas,
amor de hombre,
temor de ocaso.
Nombre.
Tu nombre en el bordón,
en la venera.
Nombre
que es camino
y es reposo:
Ruta de estrellas,
almohada,
regazo en que
mi corazón poso.
Ave.
Alma.
Ave-alma que surca
espacios de sentimiento,
abocada al éter
en que se sumen sueños.
Ciudad del alma,
mundo,
universo
de gravedad libre,
sin sujeción al suelo.
Campana que rompe
con tu nombre el silencio.
Tu nombre...
tu nombre
repetido en ecos.
No basta a contenerlo
la inmensidad del cielo.
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