Las palabras no se las lleva el viento,
quedan grabadas en las conciencias,
son el impetuoso concierto de voces,
de frases de una comedia trágica
que desvela en su manto teatral
la bajeza y la vanidad del hombre.
Palabras necias, sin sentido, fulgurantes
como el vómito de los enfermos:
pasionales, mortales, sables afilados
que destrozan corazones todavía palpitantes.
Queda el mudo reflejo de un sonido rapaz,
el espejo donde se refleja un tiempo que no volverá
pero que existe en lo profundo de la noche,
En esas horas donde el día ha muerto
y las sombras son ráfagas de soledades.
Lo que sale de la boca permanece
como una huella indeleble en la arena,
una señal continua de la existencia
que ni el viento ni la lluvia de metales
pueden borrar ni desvanecer como la niebla.
quedan grabadas en las conciencias,
son el impetuoso concierto de voces,
de frases de una comedia trágica
que desvela en su manto teatral
la bajeza y la vanidad del hombre.
Palabras necias, sin sentido, fulgurantes
como el vómito de los enfermos:
pasionales, mortales, sables afilados
que destrozan corazones todavía palpitantes.
Queda el mudo reflejo de un sonido rapaz,
el espejo donde se refleja un tiempo que no volverá
pero que existe en lo profundo de la noche,
En esas horas donde el día ha muerto
y las sombras son ráfagas de soledades.
Lo que sale de la boca permanece
como una huella indeleble en la arena,
una señal continua de la existencia
que ni el viento ni la lluvia de metales
pueden borrar ni desvanecer como la niebla.