Josimar Moran
Poeta fiel al portal
Comencemos entonces por quemar las palabras. . .
(DAVID ESCOBAR GALINDO)
¡Calla!
Piérdase en el olvido tu voz
que tus hijos no te encuentren
perdida en la inmensidad de tu locura.
¡Calla!
Que no se oiga más
tu apolillado grito de proterva
cansada de hacer el amor
en el vacío de tu tumba
y más que eso
púdrete en el vientre de la soledad
antes de ver la luz.
¡Calla!
Que se queme tu rostro
con el fuego de la inconciencia
y se vierta en tí
todo el semen enajenado y pervertido
de este sexo mío
que desfallece en las garras de tu poesía.
¡Calla!
Maldita perra adúltera y angelical
de áureo rostro
y mirada de medusa cautiva
en el aroma y figura de una rosa.
¡Calla!
Tú que eres instrumento de mi pasión,
tú que eres orgasmo de mi delirio,
tú que eres. . . Palabra.
Razón de mi locura,
Celestina de mis quimeras,
vieja rufiana que consientes mis fantasías
y alimentas una a una las ansias
de mi aletargado corazón,
a tí
ramera esquizofrénica te digo:
¡Calla!
y no vuelvas más
a abandonar este castillo de cristal.
Que mi pluma muera ahogando consigo
el gemido de mi verso
y esta absurda voz de mis palabras. . .
(DAVID ESCOBAR GALINDO)
¡Calla!
Piérdase en el olvido tu voz
que tus hijos no te encuentren
perdida en la inmensidad de tu locura.
¡Calla!
Que no se oiga más
tu apolillado grito de proterva
cansada de hacer el amor
en el vacío de tu tumba
y más que eso
púdrete en el vientre de la soledad
antes de ver la luz.
¡Calla!
Que se queme tu rostro
con el fuego de la inconciencia
y se vierta en tí
todo el semen enajenado y pervertido
de este sexo mío
que desfallece en las garras de tu poesía.
¡Calla!
Maldita perra adúltera y angelical
de áureo rostro
y mirada de medusa cautiva
en el aroma y figura de una rosa.
¡Calla!
Tú que eres instrumento de mi pasión,
tú que eres orgasmo de mi delirio,
tú que eres. . . Palabra.
Razón de mi locura,
Celestina de mis quimeras,
vieja rufiana que consientes mis fantasías
y alimentas una a una las ansias
de mi aletargado corazón,
a tí
ramera esquizofrénica te digo:
¡Calla!
y no vuelvas más
a abandonar este castillo de cristal.
Que mi pluma muera ahogando consigo
el gemido de mi verso
y esta absurda voz de mis palabras. . .