Andres Zuñiga
Poeta fiel al portal
Benditas sean las fibras de tus lianas
Que me incrustan en el centro de tu cuerpo,
Que me zambullen en el istmo de tus piernas,
Y en la blancura radiante de tus senos.
Si no fuera por la costumbre que tiene el sol,
De arrebatarle las noches al lucero,
No te tendría aquí, paloma herida;
Frágil, pueril, encarcelada en tu agujero.
Abrazado a tu médula, a tu eje,
Al ecuador de tu vientre bueno
La plenitud del gozo se hace infinita
Y ondeo cual cometa del ensueño.
Estás aquí por fortuna del destino
Que te trajo una noche a mis silencios
Cuando la vida te había vuelto las espaldas
Y el desamor había mostrado sus secretos.
Ya no sufras más paloma herida,
Me he calzado mi traje de enfermero
Y uno por uno iré curando tus pesares
Con agua clara y amor cálido de enero.
Entonces,
Cuando seas capaz de un vuelo pleno
Y hayas asido la libertad y su universo
Soltaré tu mano, aunque me duela
Para que vuelvas a la vida y a su trueno.
Mas no olvides que un día te di cobijo,
Que te amé sinceramente en el silencio
Que tomé tus alas mustias, malheridas
Y te surqué de caricias con mis dedos.
Vuela, vuela ya paloma mía
Toma la vida, la libertad y su asidero
Y si un día de mis manos necesitas
Vuelve al nido que una vez fue tu consuelo.
Y si acaso no pudieses ya volar
Y en tu pecho hubiere una daga clavada
Llámame con tu arrullo ensangrentado
Que a tu lado correré
Aunque tú por mí no sientas nada.