marquelo
Negrito villero
Hay una soledad inmersa en la luna,
no se siente
ni tiene olor de ceniza
ni tampoco grita como campana sitiada.
Es un silencio crucificado.
Todas las voces apuntan hacia el horizonte, lejano;
pero se pierden irremediablemente en el látigo imitador
de un deicida.
Y el aire se columpia una y otra vez
ventilando al mundo;
pero el mundo es un tonel de corsario tuerto.
Amén de todas las cosas inciertas
está el pan
que nace y crece en los retáblos de diciembres,
en la mano de mi hermano de mil caras
que cae de golpe asaltado por las esquinas.
Y este pan servido a las doce
es lo único incondicional, que nos llama
como un niño buscando nuestra mano
para no caer...
no se siente
ni tiene olor de ceniza
ni tampoco grita como campana sitiada.
Es un silencio crucificado.
Todas las voces apuntan hacia el horizonte, lejano;
pero se pierden irremediablemente en el látigo imitador
de un deicida.
Y el aire se columpia una y otra vez
ventilando al mundo;
pero el mundo es un tonel de corsario tuerto.
Amén de todas las cosas inciertas
está el pan
que nace y crece en los retáblos de diciembres,
en la mano de mi hermano de mil caras
que cae de golpe asaltado por las esquinas.
Y este pan servido a las doce
es lo único incondicional, que nos llama
como un niño buscando nuestra mano
para no caer...