Pan

marquelo

Negrito villero
Hay una soledad inmersa en la luna,
no se siente
ni tiene olor de ceniza
ni tampoco grita como campana sitiada.

Es un silencio crucificado.

Todas las voces apuntan hacia el horizonte, lejano;
pero se pierden irremediablemente en el látigo imitador
de un deicida.

Y el aire se columpia una y otra vez
ventilando al mundo;
pero el mundo es un tonel de corsario tuerto.

Amén de todas las cosas inciertas
está el pan
que nace y crece en los retáblos de diciembres,
en la mano de mi hermano de mil caras
que cae de golpe asaltado por las esquinas.

Y este pan servido a las doce
es lo único incondicional, que nos llama
como un niño buscando nuestra mano
para no caer...
 
Me quedé pensando en la palabra deicida -ya sé que vas a decir que soy una colgada jeje-, creo que la definición está mal, no sólo fueron aquellos los que mataron a Jesús, sino que día a día todos lo hacemos, en las cosas más pequeñas.
El poema me gusta, remite a lo cotidiano y universal, a la preocupación del hambre, a las necesidades que nos sostienen. Y está tratado tan magistralmente, que es imposible no pasar a leerte-se.
Excelente M, excelente.
Te dejo un abrazo grande.
 

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