Pánico

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

(...) Ellos saben que así estoy casi todas las tardes,
me agarro las rodillas muy fuerte
me siento seguro
creen que estoy pensando
pero yo no pienso, sólo miro lejos
filosofía taoísta
y así parece que alguien me quiere
así puedo oler la piel de mis brazos
y eso me relaja.

Roger Nelson
elPrior


Fragmento del poema «Tratado de hibernación»
que fue publicado en el portal Mundopoesía el 7 de abril de 2013



PÁNICO

¡¿Qué cojones le pasará al ascensor?!
Pulso el botón una y otra vez y sigue en el puto primer piso.
Me giro y al fondo del pasillo
la puerta de la habitación 316
se va haciendo más y más pequeña,
alejándose y estirándose el corredor como si fuera un chicle,
achicando el poco espacio que me queda.
Alguien grita mi nombre, pero ya es tarde.

¡Ding, Dong!
¡Ya!
Entro en el ascensor como si se tratase de una ancha avenida junto al río
y pudiera correr libre por su verde alameda; correr
con toda mi alma y dejar atrás esta agonía.
Siento la lengua del terror
lamiendo el carámbano de mi médula espinal.
Si la mente se empeña en joderte, te jode.

Coincido con una pareja joven
que interrumpe la conversación que animosamente mantenían
justamente antes de la presencia abrupta
de un tipo sudoroso que les sonríe patéticamente
y los observa con la mirada atravesada,
mientras que a golpe de espasmo
procura tragar la saliva que no le queda.
Tiemblan sus labios salinos más que el siniestro fluorescente que los cubre.
—No soporto el perfume a soledad de la moqueta de los hoteles —les balbuceo.
Se posicionan manteniendo
la máxima distancia con respecto al loco jadeante.
El chico escruta mi rostro
tieso como una pantera,
ella
no se atreve a mirarme.
Entonces, se abre la puerta, y a empujones,
cruzo la recepción
(tranquilo, tranquilo, tranquilo)
¡y salgo!

Me recibe una cascada de pañuelos cromáticos
bajo la niebla incandescente de las farolas.
La calle está viscosa de gente,
maldita calle que no conozco, ¡maldita gente!
Y el denso calor que arroja madera y azúcar
a la estufa seca que muerde mi pecho.

Cuántas terrazas para tan poca calle
en esta infame gelatina
de fachadas, tacones, platos, gritos,
balcones, toldos, globos, mesas, sillas, ¡gente!,
confuso caudal humano de niños, padres y viejos,
y yo tan solo frente al abismo de mi propio demonio.
—¡Dónde está la puta plaza!, por favor, ¡la plaza!
Y entregado al hilo postrero del aire atrapado en el émbolo de mi nuez
la plaza llega a mí,
pero no en forma de escapatoria,
sino como un promontorio de oscuras fachadas desplomadas
que se precipitan inexorablemente
sobre la taquicardia de mi asfixia.

Descontrol absoluto.

Cuando la mente se asoma a sus grietas
el vértigo puede llegar a ser insoportable.

Me acurruco en una esquina abrazando fuertemente mis rodillas.
No consigo expulsar el nudo que encarcela mi aliento.
Aflora, entonces, un réquiem en lo arcano de mis entrañas:
en sus cárcavas enfermas flota la armónica de Neil Young
tocando aquella triste melodía de cuando era niño.
Alguien grita mi nombre, pero

ya es

demasiado




tarde.



Kalkbadan
Madrid, 21 de septiembre de 2014








 
Última edición:
Muy buenos estos versos de angustia y soledad Kalkbadan. Cada estrofa es como una secuencia en la que a la respiración le falta el oxigeno necesario para continuar desde el ascensor hasta la calle y ni siquiera el aire libre consigue paliar esa angustia. No sé si uno se puede morir de un ataque de pánico pero sí transmite este poema esa atmósfera llena de angustia y ansiedad y mucha, mucha soledad rodeada de gente.
Abrazos Poeta y Feliz Otoño
 
Muy buenos estos versos de angustia y soledad Kalkbadan. Cada estrofa es como una secuencia en la que a la respiración le falta el oxigeno necesario para continuar desde el ascensor hasta la calle y ni siquiera el aire libre consigue paliar esa angustia. No sé si uno se puede morir de un ataque de pánico pero sí transmite este poema esa atmósfera llena de angustia y ansiedad y mucha, mucha soledad rodeada de gente.
Abrazos Poeta y Feliz Otoño

Hola Valentina,

Como bien dices, el pánico, como tal, no te mata, pero la sensación de asfixia puede llegar a ser extrema.
Una vez se desata, resulta difícil parar la rebelión.
Igualmente, feliz otoño, compañera.
 
Qué bien has descrito esa sensación de ansiedad y de ahogo... Un trabajo magnífico en toda su extensión y con un final contundente y realmente genial ...Me encantó!. Mi sincera felicitación amigo. Un fuerte abrazo.
 
Genial Andreas, como siempre.

He sentido ese vértigo muchas veces, pasillo interminables sin fín, y esa sensación que hace que te balancees de un lado a otro de las paredes, como si uno estuviera ebrio cuando no lo estaba.

Es una sensación bastante angustiosa, querer llegar a un sitio y cuanto más caminas parece que más lejos está; solo al llegar a casa y cerrar la puerta, parece que empiezas a sentir algo parecido a la tranquilidad. Es lo que sientes cuando en ciertos momentos de tu vida, padeces algo muy similar o casi idèntico a la agorafobia.

En relación al cierre, de tu poema, Andreaaaaaaaaaaaaasssssss, y espero que no sea demasiado tarde.

La última estrofa, ese verso, "me acurruco abrazando fuertemente mis rodillas", me ha recordado a un tema de la Corporacion, un poema que me encanta, es uno de los que más me gusta, "Tratado de Hibernación", igual ya lo has leído.

Un abrazo.
 
Última edición:
Genial Andreas, como siempre.

He sentido ese vértigo muchas veces, pasillo interminables sin fín, y esa sensación que hace que te balancees de un lado a otro de las paredes, como si uno estuviera ebrio cuando no lo estaba.

Es una sensación bastante angustiosa, querer llegar a un sitio y cuanto más caminas parece que más lejos está; solo al llegar a casa y cerrar la puerta, parece que empiezas a sentir algo parecido a la tranquilidad. Es lo que sientes cuando en ciertos momentos de tu vida, padeces algo muy similar o casi idèntico a la agorafobia.

En relación al cierre, de tu poema, Andreaaaaaaaaaaaaasssssss, y espero que no sea demasiado tarde.

La última estrofa, ese verso, "me acurruco abrazando fuertemente mis rodillas", me ha recordado a un tema de la Corporacion, un poema que me encanta, es uno de los que más me gusta, "Tratado de Hibernación", igual ya lo has leído.

Un abrazo.

Hola Elena, describes bien esa terrible sensación. Una vez se activa la mente en contra de uno, el miedo cataliza y sugestiona la ansiedad y ya es demasiado tarde para aliviar el inevitable sufrimiento. Para estas cosas las pastillas funcionan.

Pues cuando escribí este poema el verso en cuestión lo sentí leído, muy conocido. No es la primera vez que esa imagen, pasto de ese verso, me viene a la memoria. Eres una crack, Elenita. Lo colocaré donde se merece, en el encabezado del poema, como verso primigenio de la Corporación. Ese poema, en su día, lo comenté.

Un abrazo, y gracias por tu huella.
 
Amigo, no sé por dónde empezar. Lo haré por el principio entonces.
Cuando leí tu poema, no había visto todavía el comentario de Elena, me vinieron a la cabeza dos imágenes muy fuertes. La primera ese terror a las moquetas de hotel que tengo. Ellas son como las barreras mentales que me alejan de mi mundo entrañable, de la sencillez de mi vida y representan la parte más insustancial de mi trabajo.
Por otro lado, la imagen del abrazo a las rodillas que me recordó TU poema Tratado de hibernación.
Pensé qué curiosa es la creación poética que lleva a dos personas al mismo lugar desde orígenes distintos. Me encantó coincidir contigo y ya me vi, sentado en cualquier malecón, o perfil sonoro, mirando el horizonte y charlando contigo en la misma posición cuasi fetal.

Grande este poema porque logra todos los objetivos de una gran obra. Ya nos tienes acostumbrados a ello.

Todo un honor que hayas dejado en tu poema los versos de aquel que un día sentí, en mi agobio personal. Gracias kalkbadan. Un detalle que me ha emocionado dada la calidad de tu obra.

Un abrazo.

emPerro
 
Última edición:
La Corporación;5311677 dijo:
Amigo, no sé por dónde empezar. Lo haré por el principio entonces.
Cuando leí tu poema, no había visto todavía el comentario de Elena, me vinieron a la cabeza dos imágenes muy fuertes. La primera ese terror a las moquetas de hotel que tengo. Ellas son como las barreras mentales que me alejan de mi mundo entrañable, de la sencillez de mi vida y representan la parte más insustancial de mi trabajo.
Por otro lado, la imagen del abrazo a las rodillas que me recordó TU poema Tratado de hibernación.
Pensé qué curiosa es la creación poética que lleva a dos personas al mismo lugar desde orígenes distintos. Me encantó coincidir contigo y ya me vi, sentado en cualquier malecón, o perfil sonoro, mirando el horizonte y charlando contigo en la misma posición cuasi fetal.

Grande este poema porque logra todos los objetivos de una gran obra. Ya nos tienes acostumbrados a ello.

Todo un honor que hayas dejado en tu poema los versos de aquel que un día sentí, en mi agobio personal. Gracias kalkbadan. Un detalle que me ha emocionado dada la calidad de tu obra.

Un abrazo.

emPerro


Compañero,
Una vez más convergemos, y ya son unas cuantas, ¿verdad? Siento una magnética atracción por las imágenes universales, aquellas que no saben de fronteras, y que huyen de la confusión preñadas de sencillez y clarividencia; son lo que son por la esencia humana que rezuma de ellas. Pura y jodidamente vívidas. Así es tu

me agarro las rodillas muy fuerte

Es parte de mi vida, así de claro.

Coincido plenamente contigo: las moquetas de los hoteles son el paradigma de lo artificial y de lo ajeno.
Como el olor a medicamento de un hospital; perfumes que no dejan indiferente.

El honor es mío, ya lo sabes, amigo. Muy emocionante este regalo que me haces.

No dejes de crear.

Un abrazo fuerte.

Andreas
 
Jóder, qué buenos poemas se encuentran en las profundidades del foro, y más que cuando uno se para en sus grandes poetas.
Vuelvo a esta joyita, compañero. Un abrazo grande, Andreas.

(y a ver si el cabronazo de la Corpo se deja caer por estos lares de nuevo ;))
 
Última edición:
(...) Ellos saben que así estoy casi todas las tardes,
me agarro las rodillas muy fuerte
me siento seguro
creen que estoy pensando
pero yo no pienso, sólo miro lejos
filosofía taoísta
y así parece que alguien me quiere
así puedo oler la piel de mis brazos
y eso me relaja.

Roger Nelson
elPrior


Fragmento del poema «Tratado de hibernación»
que fue publicado en el portal Mundopoesía el 7 de abril de 2013



PÁNICO

—¡¿Qué cojones le pasará al ascensor?!
Pulso el botón una y otra vez y sigue en el puto primer piso.
Me giro
y al fondo del pasillo la puerta de la habitación 316
se va haciendo más y más pequeña,
alejándose y estirándose el corredor como si fuera un chicle,
achicando el poco espacio que me queda.
Alguien grita mi nombre, pero ya es tarde.

¡Ding, Dong!
—¡Ya!
Entro en el ascensor como si se tratase de una ancha avenida junto al río
y pudiera correr libre por su verde alameda;
correr
con toda mi alma y dejar atrás esta agonía.
Si la mente se empeña en joderte, te jode.

Coincido con una pareja joven
que interrumpe la conversación que animosamente mantenían
justamente antes de la presencia abrupta
de un tipo sudoroso que les sonríe patéticamente
y los observa con la mirada atravesada,
mientras que a golpe de espasmo
procura tragar la saliva que no le queda.
Tiemblan sus labios salinos más que el siniestro fluorescente que los cubre.
—No soporto el perfume a soledad de la moqueta de los hoteles —les balbuceo.
Se posicionan manteniendo
la máxima distancia con respecto al loco jadeante.
El chico escruta mi rostro
tieso como una pantera,
ella
no se atreve a mirarme.
Entonces, se abre la puerta, y a empujones,
cruzo la recepción
(tranquilo, tranquilo, tranquilo)
y salgo.

Me recibe una cascada de pañuelos cromáticos
bajo la niebla incandescente de las farolas.
La calle está viscosa de gente,
maldita calle que no conozco, ¡maldita gente!
Y el denso calor arroja madera y azúcar
a la estufa seca que muerde mi pecho.

Cuántas terrazas para tan poca calle
en esta infame gelatina
de fachadas, tacones, platos, gritos,
balcones, toldos, globos, mesas, sillas,
confuso caudal humano de niños, padres y viejos,
...y yo tan solo frente al abismo de mi propio demonio.
—¡Dónde está la puta plaza!, por favor, ¡la plaza!
Y entregado al hilo postrero del aire atrapado en el émbolo de mi nuez
la plaza llega a mí,
pero no en forma de un inmenso espacio de estrellas oxigenadas
sino como un promontorio de oscuras fachadas desplomadas
que se precipitan inexorablemente
sobre la taquicardia de mi asfixia.

Descontrol absoluto.

Cuando la mente se asoma a sus grietas
el vértigo puede llegar a ser insoportable.

Me acurruco en una esquina abrazando fuertemente mis rodillas.
No consigo expulsar el nudo que encarcela mi aliento.
Aflora, entonces, un réquiem en lo arcano de mis entrañas:
en sus cárcavas enfermas flota la armónica de Neil Young
tocando aquella triste melodía de cuando era niño.
Alguien grita mi nombre, pero

ya es

demasiado




tarde.



Kalkbadan
Madrid, 21 de septiembre de 2014







Subido compañero... este poema se merece los primeros puestos; que importa que sean viejos... están más macerados.

Abrazos.
 
(...) Ellos saben que así estoy casi todas las tardes,
me agarro las rodillas muy fuerte
me siento seguro
creen que estoy pensando
pero yo no pienso, sólo miro lejos
filosofía taoísta
y así parece que alguien me quiere
así puedo oler la piel de mis brazos
y eso me relaja.

Roger Nelson
elPrior


Fragmento del poema «Tratado de hibernación»
que fue publicado en el portal Mundopoesía el 7 de abril de 2013



PÁNICO

—¡¿Qué cojones le pasará al ascensor?!
Pulso el botón una y otra vez y sigue en el puto primer piso.
Me giro
y al fondo del pasillo la puerta de la habitación 316
se va haciendo más y más pequeña,
alejándose y estirándose el corredor como si fuera un chicle,
achicando el poco espacio que me queda.
Alguien grita mi nombre, pero ya es tarde.

¡Ding, Dong!
—¡Ya!
Entro en el ascensor como si se tratase de una ancha avenida junto al río
y pudiera correr libre por su verde alameda;
correr
con toda mi alma y dejar atrás esta agonía.
Si la mente se empeña en joderte, te jode.

Coincido con una pareja joven
que interrumpe la conversación que animosamente mantenían
justamente antes de la presencia abrupta
de un tipo sudoroso que les sonríe patéticamente
y los observa con la mirada atravesada,
mientras que a golpe de espasmo
procura tragar la saliva que no le queda.
Tiemblan sus labios salinos más que el siniestro fluorescente que los cubre.
—No soporto el perfume a soledad de la moqueta de los hoteles —les balbuceo.
Se posicionan manteniendo
la máxima distancia con respecto al loco jadeante.
El chico escruta mi rostro
tieso como una pantera,
ella
no se atreve a mirarme.
Entonces, se abre la puerta, y a empujones,
cruzo la recepción
(tranquilo, tranquilo, tranquilo)
y salgo.

Me recibe una cascada de pañuelos cromáticos
bajo la niebla incandescente de las farolas.
La calle está viscosa de gente,
maldita calle que no conozco, ¡maldita gente!
Y el denso calor arroja madera y azúcar
a la estufa seca que muerde mi pecho.

Cuántas terrazas para tan poca calle
en esta infame gelatina
de fachadas, tacones, platos, gritos,
balcones, toldos, globos, mesas, sillas,
confuso caudal humano de niños, padres y viejos,
...y yo tan solo frente al abismo de mi propio demonio.
—¡Dónde está la puta plaza!, por favor, ¡la plaza!
Y entregado al hilo postrero del aire atrapado en el émbolo de mi nuez
la plaza llega a mí,
pero no en forma de un inmenso espacio de estrellas oxigenadas
sino como un promontorio de oscuras fachadas desplomadas
que se precipitan inexorablemente
sobre la taquicardia de mi asfixia.

Descontrol absoluto.

Cuando la mente se asoma a sus grietas
el vértigo puede llegar a ser insoportable.

Me acurruco en una esquina abrazando fuertemente mis rodillas.
No consigo expulsar el nudo que encarcela mi aliento.
Aflora, entonces, un réquiem en lo arcano de mis entrañas:
en sus cárcavas enfermas flota la armónica de Neil Young
tocando aquella triste melodía de cuando era niño.
Alguien grita mi nombre, pero

ya es

demasiado




tarde.



Kalkbadan
Madrid, 21 de septiembre de 2014







Inmenso!
Aplausos!!
Como admiradora eterna de tu pluma me limito a degustar de tu obra como en la primera butaca!
 
Subido compañero... este poema se merece los primeros puestos; que importa que sean viejos... están más macerados.

Abrazos.
¡Danie! Estaba buceando entre versos olvidados y me encontré con este poema. Creo que es de lo pocos que salvo, la verdad. Me reafirma en que la poesía hay que sufrirla para después, si acaso, rubricar el poema. Solo sirven las obras del espíritu.
Y qué importante, compañero, lograr arrinconar a los demonios que nos acechan. ¡Un abrazo, querido!
 

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