LuKaS
L'enfant terrible
Comprendo lo que no comprende nadie,
pero a nadie le importa.
Ignoro lo que ya todos saben,
y yo ni he visto funcionar.
Otoño, que me traes tu primavera,
maldita mi flojera,
o mi vocación de letras,
que me obligan a quedar.
Encerrado, en frente de colores,
que jamás se van a marchitar,
sus flores siempre brillan todo el año
y el daño no es un daño, si son de cristal.
Mi vida, por decir que me pertenece,
divaga entre un dios y un infante,
un mártir de las creencias antiguas,
un dios de rodillas, suplicando piedad.
Hablarles me resulta familiar,
oidos sordos, ojos rojos,
manos de despojo,
todos tienden a ocultar,
la belleza, bajo una sutileza
vil, que nadie osa mostrar.
Canción de la luna en una noche,
con viento y nublado sin igual.
Poetas muertos claman por el broche
que condecore su pecho, una copa en un altar.
Y yo, escéptico a derroche,
sin bases ni argumentos,
mas muchos sentimientos
y sin miedo a equivocar
mis palabras se pierden en la mente
de personas incoherentes
que cuentan los segundos
para empezarlas a olvidar.
Y una Musa, que me va tirando pistas,
migajas de pan pegadas al alquitrán,
malditos sentimientos egoístas,
que no me dejan ni escuchar.
Palabras a coro con señores,
de sepulturas profanadores,
genios de aspirar,
maldita calamidad, apaga ya las luces
que debemos madrugar.
La voz se pierde entre asbestos,
y flores del desierto, corales en el mar.
Lagrimitas de cristal, mejor seca tu río,
que este otoño hace frío, no te vayas a enfermar.
Las penas, no son debilidad,
las lágrimas son una cosa mas,
pero las manos estan hechas de lo mismo,
que las armas de un capitán.
Luchar suena a voracidad,
en un mundo, que no tiene piedad.
Los niños ya no juegan en el parque,
el dedo en el gatillo
de una arma en el bolsillo,
lista para disparar.
El mundo, miseria de olvidar,
la puerta de enfrente es muy bonita,
pero ve a ver la mesquita,
por la puerta de atrás.
Dolores, doctores y quizá,
con suerte alguna enfermedad,
curemos con pastillas de mentas,
mientras las copas negras
empiezan a brindar.
La gente, cansada de llorar,
no escucha un consejo ni da piedad,
a los que mueren lejos de su casa,
que entre agujas y gasas,
se dejaron olvidar.
La guardia nacional en la avenida,
la gente consentida, empieza a robar.
Se llena las manos de miseria,
hoy por fin llegó la feria, empieza la función.
Y yo, un hipocrita mas,
tildando de pecado lo que hago,
cansado de las burlas de atrás,
cenaré un asado un Viernes Santo,
pisaré la senda peatonal
con las ruedas de mi auto,
mientras hago marcha atrás,
Tapando con la otra mano la infracción,
Oficial entienda usted que no lo ví,
y aquí con 50 billetes en la mano,
entre los papeles hilvano,
para hacerlo mas legal.
La esperanza, no es mas que la pereza,
disfrazada de moral.
Salgamos a la calle a luchar,
contra nuestro peor enemigo,
mismísima calimidad,
la hipocresía de uno mismo,
reflejada en un cristal
de una pantalla de colores,
pero esas no son flores,
son balas de verdad.
pero a nadie le importa.
Ignoro lo que ya todos saben,
y yo ni he visto funcionar.
Otoño, que me traes tu primavera,
maldita mi flojera,
o mi vocación de letras,
que me obligan a quedar.
Encerrado, en frente de colores,
que jamás se van a marchitar,
sus flores siempre brillan todo el año
y el daño no es un daño, si son de cristal.
Mi vida, por decir que me pertenece,
divaga entre un dios y un infante,
un mártir de las creencias antiguas,
un dios de rodillas, suplicando piedad.
Hablarles me resulta familiar,
oidos sordos, ojos rojos,
manos de despojo,
todos tienden a ocultar,
la belleza, bajo una sutileza
vil, que nadie osa mostrar.
Canción de la luna en una noche,
con viento y nublado sin igual.
Poetas muertos claman por el broche
que condecore su pecho, una copa en un altar.
Y yo, escéptico a derroche,
sin bases ni argumentos,
mas muchos sentimientos
y sin miedo a equivocar
mis palabras se pierden en la mente
de personas incoherentes
que cuentan los segundos
para empezarlas a olvidar.
Y una Musa, que me va tirando pistas,
migajas de pan pegadas al alquitrán,
malditos sentimientos egoístas,
que no me dejan ni escuchar.
Palabras a coro con señores,
de sepulturas profanadores,
genios de aspirar,
maldita calamidad, apaga ya las luces
que debemos madrugar.
La voz se pierde entre asbestos,
y flores del desierto, corales en el mar.
Lagrimitas de cristal, mejor seca tu río,
que este otoño hace frío, no te vayas a enfermar.
Las penas, no son debilidad,
las lágrimas son una cosa mas,
pero las manos estan hechas de lo mismo,
que las armas de un capitán.
Luchar suena a voracidad,
en un mundo, que no tiene piedad.
Los niños ya no juegan en el parque,
el dedo en el gatillo
de una arma en el bolsillo,
lista para disparar.
El mundo, miseria de olvidar,
la puerta de enfrente es muy bonita,
pero ve a ver la mesquita,
por la puerta de atrás.
Dolores, doctores y quizá,
con suerte alguna enfermedad,
curemos con pastillas de mentas,
mientras las copas negras
empiezan a brindar.
La gente, cansada de llorar,
no escucha un consejo ni da piedad,
a los que mueren lejos de su casa,
que entre agujas y gasas,
se dejaron olvidar.
La guardia nacional en la avenida,
la gente consentida, empieza a robar.
Se llena las manos de miseria,
hoy por fin llegó la feria, empieza la función.
Y yo, un hipocrita mas,
tildando de pecado lo que hago,
cansado de las burlas de atrás,
cenaré un asado un Viernes Santo,
pisaré la senda peatonal
con las ruedas de mi auto,
mientras hago marcha atrás,
Tapando con la otra mano la infracción,
Oficial entienda usted que no lo ví,
y aquí con 50 billetes en la mano,
entre los papeles hilvano,
para hacerlo mas legal.
La esperanza, no es mas que la pereza,
disfrazada de moral.
Salgamos a la calle a luchar,
contra nuestro peor enemigo,
mismísima calimidad,
la hipocresía de uno mismo,
reflejada en un cristal
de una pantalla de colores,
pero esas no son flores,
son balas de verdad.
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