Viento de américa
Poeta adicto al portal
Hoy salí tarde al patio a darle de beber a la Luna. No hizo falta.
Debió tener mucha sed después de sus correrías, pues se bebió
el agua del rocío y los charcos. ¡ Vaya descuido el mío ! Yo que
siempre la saco a pasear atada de un hilo a mi mano izquierda.
Es muy juguetona: se esconde tras las casas o se cubre
entre los cerros pelones. No se da cuenta que sus rayitos de
plata la delatan. Y en sus escondidas, a veces, se araña la ca-
ra.
Me basta jalar del hilo y acude alegre hasta mi hombro. An-
tes de dormir, la dejo atada a mi rosal amarillo para que nadie
intente robársela, ¡ la espinada sería tremenda ! Ella confía en
mí. Y yo prometo no olvidarme de dejarle una jícara con agua.
Debió tener mucha sed después de sus correrías, pues se bebió
el agua del rocío y los charcos. ¡ Vaya descuido el mío ! Yo que
siempre la saco a pasear atada de un hilo a mi mano izquierda.
Es muy juguetona: se esconde tras las casas o se cubre
entre los cerros pelones. No se da cuenta que sus rayitos de
plata la delatan. Y en sus escondidas, a veces, se araña la ca-
ra.
Me basta jalar del hilo y acude alegre hasta mi hombro. An-
tes de dormir, la dejo atada a mi rosal amarillo para que nadie
intente robársela, ¡ la espinada sería tremenda ! Ella confía en
mí. Y yo prometo no olvidarme de dejarle una jícara con agua.