Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

¡Despierta!
del sueño deslumbrado
por esos ojos negros,
del tiempo que es venablo entre sus manos
hiriendo las entrañas de la noche,
de todos los elogios que en sus labios
embocan tu inocencia.
Desanda las cavernas del engaño
que fingen ser cobijo
pues son tan sólo burla, mofa, escarnio.
Escapa del amor
que raya lo insensato,
que eternamente eximes y perdonas
al pie del sordo tálamo.
Ajusta amiga mía,
las cuentas del rosario,
y salda, uno a uno,
los días que pasaste sin que el llanto
volviera a tus pestañas,
la soga enarbolada en su cadalso.
¡Escucha!
A veces es mejor andar a solas,
vivir sintiendo libre cada paso
doquiera que te lleve la marea
sin anclas anudadas al sargazo.
A veces, sólo a veces, casi siempre,
se torna tu velero esclavo fámulo
de un puerto con barloas que recuestan
su eslora al estribor de tu naufragio.
Y al eco de sirenas vuelve el pecho,
perpetuo borbollar de sus halagos
pues niega el alma presa la locura
aun viendo a bajo coste enajenado,
caudal, orgullo, ensueño... honra, entrega...
- ¡entrega todo y nada pide a cambio! -
Y yo, a tu silencio me emparejo,
y enjugo con palabras tu quebranto
sabiendo que el papel de mis escritos,
papel mojado son al fin y al cabo.
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