ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Papel picado, caído, de colores
Trocitos bien pequeños desiguales
Anfractuosos sus bordes o redondos.
No son espinas en el tallo de una rosa
Que custodian la belleza vulnerable,
Ni luces en la inmensa oscuridad
Como estrellas salpicadas en la noche.
No son balas disparadas en la lucha
Ni son himnos que gritan libertad
No alcanzan a ser llantos desgarrados de dolor
Por amores que se fueron y no están
Ni lamentos de un tango ensangrentado
Por un puñal que un despecho supo hincar.
No andan diseminados por el mundo
paseándose en cosmopolita libertad,
Se restringen a lugares bien de acá
Y no han caído ni un antes ni un después:
Sólo en días en que hubo un carnaval.
Papel picado, caído, de colores...
Alguien pasa, los observa, se detiene
O los caminan por encima y continúan
Derroteros de los que tal vez jamás sabré.
Alguna brisa los dispersa no tan lejos,
Pero siempre vuelven a yacer.
Papel picado, caído, de colores...
Lluvia finita de momentos que sentí,
Junto a otros ajenos esparcidos
descansan sobre un suelo transitado
Que los acepta como un último sostén,
Sin restricciones, sin que medie selección,
En cada uno un poema que he escrito
Para librarlo pronto a la ley de gravedad
Que lo confunde en lo caído con los otros
De algún otro que escribió y dejó caer.
Tantos hay que ya ni recuerdo a ciencia cierta
Cuál es cuál y si mi vista anduvo allí...
Hasta que un día o una noche sin aviso
Se instale la tormenta del final
O simplemente concurra un barrendero
Lentamente las calles a limpiar
Sin aviso y sin asombro ni sorpresa,
y a esperar nuevamente un carnaval...
Trocitos bien pequeños desiguales
Anfractuosos sus bordes o redondos.
No son espinas en el tallo de una rosa
Que custodian la belleza vulnerable,
Ni luces en la inmensa oscuridad
Como estrellas salpicadas en la noche.
No son balas disparadas en la lucha
Ni son himnos que gritan libertad
No alcanzan a ser llantos desgarrados de dolor
Por amores que se fueron y no están
Ni lamentos de un tango ensangrentado
Por un puñal que un despecho supo hincar.
No andan diseminados por el mundo
paseándose en cosmopolita libertad,
Se restringen a lugares bien de acá
Y no han caído ni un antes ni un después:
Sólo en días en que hubo un carnaval.
Papel picado, caído, de colores...
Alguien pasa, los observa, se detiene
O los caminan por encima y continúan
Derroteros de los que tal vez jamás sabré.
Alguna brisa los dispersa no tan lejos,
Pero siempre vuelven a yacer.
Papel picado, caído, de colores...
Lluvia finita de momentos que sentí,
Junto a otros ajenos esparcidos
descansan sobre un suelo transitado
Que los acepta como un último sostén,
Sin restricciones, sin que medie selección,
En cada uno un poema que he escrito
Para librarlo pronto a la ley de gravedad
Que lo confunde en lo caído con los otros
De algún otro que escribió y dejó caer.
Tantos hay que ya ni recuerdo a ciencia cierta
Cuál es cuál y si mi vista anduvo allí...
Hasta que un día o una noche sin aviso
Se instale la tormenta del final
O simplemente concurra un barrendero
Lentamente las calles a limpiar
Sin aviso y sin asombro ni sorpresa,
y a esperar nuevamente un carnaval...
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