Para la chica que quería leer a Benedetti

Francisco Guardado

Poeta fiel al portal
Para la chica que quería leer a Benedetti:


El clamor de la mañana

alumbra y asusta al mismo tiempo.

El ansia de sentir la lluvia

se eternece en los días

y tú los buscas.

El hálito de lo vívido resuena en tu nuca

y te eriza la piel.

Tu boca es silencio y hastío.

Las yemas de tus dedos

se pierden en las sombras,

entre acordes mudos.

Hay un pálpito

latente y profundo

como un magma volcánico

que los siglos de espera,

igual que losas lapidarias,

han ido acallando.

La semilla que germina

dentro de ti; grita por abrirse paso,

es de color blanco

y los pétalos que broten de su tallo

asemejaran la figura de un ala batiente.

Buscas lo que no puede asirse con las manos

y se encuentra mucho más allá de las sombras del alma.

Buscas la cúspide, el cielo abierto

y el continuo huir de la montaña.

Del mar lo inmenso,

del cielo lo etéreo,

lo liviano del aire,

en la luz su abismo

y en la piedra el reposo

de tu espíritu indómito.

El límite es una pared encalada

que impide que te viertas

y tú como el agua

quisieras llegar a todas partes

sin acequia o caudal que te ordene,

que te dirija y te reduzca

a un destino que desemboque

en el vacío, en la nada.


Tú, sin saberlo estás recitando

con la pulsión de tus pasiones

uno a uno los versos escritos

por Benedetti .
 
Para la chica que quería leer a Benedetti:


El clamor de la mañana

alumbra y asusta al mismo tiempo.

El ansia de sentir la lluvia

se eternece en los días

y tú los buscas.

El hálito de lo vívido resuena en tu nuca

y te eriza la piel.

Tu boca es silencio y hastío.

Las yemas de tus dedos

se pierden en las sombras,

entre acordes mudos.

Hay un pálpito

latente y profundo

como un magma volcánico

que los siglos de espera,

igual que losas lapidarias,

han ido acallando.

La semilla que germina

dentro de ti; grita por abrirse paso,

es de color blanco

y los pétalos que broten de su tallo

asemejaran la figura de un ala batiente.

Buscas lo que no puede asirse con las manos

y se encuentra mucho más allá de las sombras del alma.

Buscas la cúspide, el cielo abierto

y el continuo huir de la montaña.

Del mar lo inmenso,

del cielo lo etéreo,

lo liviano del aire,

en la luz su abismo

y en la piedra el reposo

de tu espíritu indómito.

El límite es una pared encalada

que impide que te viertas

y tú como el agua

quisieras llegar a todas partes

sin acequia o caudal que te ordene,

que te dirija y te reduzca

a un destino que desemboque

en el vacío, en la nada.


Tú, sin saberlo estás recitando

con la pulsión de tus pasiones

uno a uno los versos escritos

por Benedetti .
Realmente una profunda poesía, sobre la existencia humana.
Un eco también de las expresiones y emociones de la obra de Mario Benedetti.

Saludos
 

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