Kazor
Poeta adicto al portal
Llevas tiempo sin escribir.
Y eres feliz sin hacerlo.
Hasta que un día te sientas y apoyas los codos en la mesa,
sacas un folio y empiezas a soltarte.
Y ves cómo llega de nuevo la amargura.
La pregunta que te haces una y otra vez:
¿Para quién escribo?
¿Para mí?
¿Para ellos?
¿Para ella?
No tienes ni idea,
el problema viene cuando apoyas tu cabeza en la mesa,
cansado,
y levantas tu frente para maldecir todo lo que conoces
y para odiar todo lo desconocido.
Allí reside tu lucha,
noche y día, día y noche.
Hasta que una mañana te levantas
y observas lo que el trance escribió
y tus ojos se iluminan,
y tu frente ensalza su orgullo.
Ves que de tus entrañas ha salido algo bueno.
Y cabizbajo de preguntas,
¿Bueno para quién?,
Para ti
Para ellos
Para ella.
Y eres feliz sin hacerlo.
Hasta que un día te sientas y apoyas los codos en la mesa,
sacas un folio y empiezas a soltarte.
Y ves cómo llega de nuevo la amargura.
La pregunta que te haces una y otra vez:
¿Para quién escribo?
¿Para mí?
¿Para ellos?
¿Para ella?
No tienes ni idea,
el problema viene cuando apoyas tu cabeza en la mesa,
cansado,
y levantas tu frente para maldecir todo lo que conoces
y para odiar todo lo desconocido.
Allí reside tu lucha,
noche y día, día y noche.
Hasta que una mañana te levantas
y observas lo que el trance escribió
y tus ojos se iluminan,
y tu frente ensalza su orgullo.
Ves que de tus entrañas ha salido algo bueno.
Y cabizbajo de preguntas,
¿Bueno para quién?,
Para ti
Para ellos
Para ella.