BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Destrozados cuerpos, atended:
yo era...mas dejad a los niños, ahora sí,
escuchad. Era la escuela y la parra podrida,
el sarmiento incólume, y la verborrea inexacta.
Aquel temperamento del invierno, en su maciza
espontánea. Era un absceso de nieve en los púrpuras
del cielo, una nube sin baratijas, la serpiente rosácea
de los broncíneos brazos de Adán. Mirad, sí, ahora.
Los hijos me devoran, mis brazos, mis sostenidas piernas,
la ínclita trashumancia de los vertederos insolentes.
Mirad, el cuerpo en su ámbito devorado, un suceso de linternas
y escuálidos vientres. El abdomen impermeable, la secuencia
de lluvias, el relámpago siempre atroz. Una luz
desvanecida, mis ojos, mis labios, y sus secretos.
Para siempre destruidos-.
©
yo era...mas dejad a los niños, ahora sí,
escuchad. Era la escuela y la parra podrida,
el sarmiento incólume, y la verborrea inexacta.
Aquel temperamento del invierno, en su maciza
espontánea. Era un absceso de nieve en los púrpuras
del cielo, una nube sin baratijas, la serpiente rosácea
de los broncíneos brazos de Adán. Mirad, sí, ahora.
Los hijos me devoran, mis brazos, mis sostenidas piernas,
la ínclita trashumancia de los vertederos insolentes.
Mirad, el cuerpo en su ámbito devorado, un suceso de linternas
y escuálidos vientres. El abdomen impermeable, la secuencia
de lluvias, el relámpago siempre atroz. Una luz
desvanecida, mis ojos, mis labios, y sus secretos.
Para siempre destruidos-.
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