Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Te he amado siempre, siempre. Desde ese desencuentro en nuestra juventud me enamoré de ti, desde entonces te he amado. Después de confrontarnos, nos descubrimos. Las personas desaparecían cuando tú usabas esa calle. Lo he dicho siempre, que siempre te he amado.
Cuando me preguntan por qué jamás me harté de ti, yo siempre les respondo que no sé, y es verdad, no lo sé.
Yo mismo me pregunto por qué te amo tanto. Pienso y Pienso... y no encuentro una razón válida y sostenible que lo explique. Te amo, solo es eso. A lo mejor si me esforzara revisando cada detalle de nuestras vidas encontraría una respuesta válida, sostenible, pero no tengo ninguna motivación para auscultarme de esa forma, ni a ti ni a mí. Es solo que te amo, solo eso. Y como soy feliz, no me siento interesado en hacer tantas preguntas a mi Yo, ni a tu tú. Lo vivo y es todo. Prefiero auscultar alguna idea escrita por algún hombre ya muerto. Prefiero a esos hombres amargados, Schopen... por ejemplo. Él me lleva de la mano por los senderos de la infelicidad y me muestra lo abyecto de la vida. Y a pesar de su poderoso pesimismo, no me provoca pesadillas porque duermo contigo y me gusta dormir contigo. Me gusta molestarte cuando duermes, verte, en el despertar, malhumorada. No lo hago a menudo, por supuesto. Me gusta verte dormida, tal como lo escribió Neruda: "Me gusta cuando callas" y también temo como él, que tu sueño, un día, se te convierta eterno.
Es extraño, lo sé; pero no es increíble: lo vivo. Yo no sé si me quieras tal como yo te quiero, jamás lo has dicho con vehemencia. Con vehemencia he escuchado las emociones vocales de nuestros desencuentros, la explosiones de ira que te visten cuando te vuelves odio. Ah sí, odio, jamás dije que tú y yo fuéramos autómatas adormecidos. Mucho menos zombies. Para que no quede duda, les cuento que un día me fui a hacer el análisis del Toloache. No lo hice por mí, lo hice por otros. Ya saben, los amigos de siempre, las intrigas de siempre. Soy tonto de nacimiento, quizá sea por eso, mi IQ es, ni más ni menos igual que el de mis lectores desocupados. Así que la razón de mi amor por ti no es un embrujo en bebedizo. Quizá otro embrujo, eso sí. Nadie anda como tu desnuda por la casa. Nadie tiene tu hermosura descalza. Nadie tu languidez cuando levitas en mis brazos. Nadie tu despilfarro en materia de besos. Cuando te miro así, me sumerjo en tus ojos hasta el foso profundo que habitan tus mentiras y cateo entre tus escondites secretos ese sitio perfecto para guardar las espirales de mentiras. No las encuentro nunca. O quizá sí, pero me hago tonto recordando mi IQ. Después de todo, en un mundo perverso donde las cosas flotan y se mueven entre corrientes de mentiras, una mentira santa -como dicen- o una mentira pura, de esas que son "piadosas" bien puede alimentar nuestra locura. Sí. locura. Así dicen, que es una especie de locura eso de hacer creerle a los demás que después de una vida, te quiera todavía.
Una vez que tú hablaste sobre este mismo tema, me dejaste una idea que quizá nos permita inventar una razón. Yo nunca fui tan tú; nunca fuiste tan yo. Algo así como universos -como dicen- a veces paralelos, a la vista. Sin alboradas fingidas ni ocasos tormentosos.
Te amo, sencillamente así, como mutua existencia que se deduce en vida.
"Me gusta cuando callas" (otra vez Neruda) "porque estás como ausente". Qué dolor cuando pienso en el segundo verso: ausente. Por eso no lo pienso a menudo, solo cuando estás despierta y contenta, y presiento que, al menos en ese instante te sigo amando viva.
Ya ven, yo también tengo mis instantes de cursilería. Yo me los perdono porque conmigo se irán algún día.
Bueno, es que intentando una prosa de amor cuando la etapa de conquista "oficialmente"se ha superado uno se tiene que agenciar sus personales recursos y experiencias.
Cuando me preguntan por qué jamás me harté de ti, yo siempre les respondo que no sé, y es verdad, no lo sé.
Yo mismo me pregunto por qué te amo tanto. Pienso y Pienso... y no encuentro una razón válida y sostenible que lo explique. Te amo, solo es eso. A lo mejor si me esforzara revisando cada detalle de nuestras vidas encontraría una respuesta válida, sostenible, pero no tengo ninguna motivación para auscultarme de esa forma, ni a ti ni a mí. Es solo que te amo, solo eso. Y como soy feliz, no me siento interesado en hacer tantas preguntas a mi Yo, ni a tu tú. Lo vivo y es todo. Prefiero auscultar alguna idea escrita por algún hombre ya muerto. Prefiero a esos hombres amargados, Schopen... por ejemplo. Él me lleva de la mano por los senderos de la infelicidad y me muestra lo abyecto de la vida. Y a pesar de su poderoso pesimismo, no me provoca pesadillas porque duermo contigo y me gusta dormir contigo. Me gusta molestarte cuando duermes, verte, en el despertar, malhumorada. No lo hago a menudo, por supuesto. Me gusta verte dormida, tal como lo escribió Neruda: "Me gusta cuando callas" y también temo como él, que tu sueño, un día, se te convierta eterno.
Es extraño, lo sé; pero no es increíble: lo vivo. Yo no sé si me quieras tal como yo te quiero, jamás lo has dicho con vehemencia. Con vehemencia he escuchado las emociones vocales de nuestros desencuentros, la explosiones de ira que te visten cuando te vuelves odio. Ah sí, odio, jamás dije que tú y yo fuéramos autómatas adormecidos. Mucho menos zombies. Para que no quede duda, les cuento que un día me fui a hacer el análisis del Toloache. No lo hice por mí, lo hice por otros. Ya saben, los amigos de siempre, las intrigas de siempre. Soy tonto de nacimiento, quizá sea por eso, mi IQ es, ni más ni menos igual que el de mis lectores desocupados. Así que la razón de mi amor por ti no es un embrujo en bebedizo. Quizá otro embrujo, eso sí. Nadie anda como tu desnuda por la casa. Nadie tiene tu hermosura descalza. Nadie tu languidez cuando levitas en mis brazos. Nadie tu despilfarro en materia de besos. Cuando te miro así, me sumerjo en tus ojos hasta el foso profundo que habitan tus mentiras y cateo entre tus escondites secretos ese sitio perfecto para guardar las espirales de mentiras. No las encuentro nunca. O quizá sí, pero me hago tonto recordando mi IQ. Después de todo, en un mundo perverso donde las cosas flotan y se mueven entre corrientes de mentiras, una mentira santa -como dicen- o una mentira pura, de esas que son "piadosas" bien puede alimentar nuestra locura. Sí. locura. Así dicen, que es una especie de locura eso de hacer creerle a los demás que después de una vida, te quiera todavía.
Una vez que tú hablaste sobre este mismo tema, me dejaste una idea que quizá nos permita inventar una razón. Yo nunca fui tan tú; nunca fuiste tan yo. Algo así como universos -como dicen- a veces paralelos, a la vista. Sin alboradas fingidas ni ocasos tormentosos.
Te amo, sencillamente así, como mutua existencia que se deduce en vida.
"Me gusta cuando callas" (otra vez Neruda) "porque estás como ausente". Qué dolor cuando pienso en el segundo verso: ausente. Por eso no lo pienso a menudo, solo cuando estás despierta y contenta, y presiento que, al menos en ese instante te sigo amando viva.
Ya ven, yo también tengo mis instantes de cursilería. Yo me los perdono porque conmigo se irán algún día.
Bueno, es que intentando una prosa de amor cuando la etapa de conquista "oficialmente"se ha superado uno se tiene que agenciar sus personales recursos y experiencias.