BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para morir vengo naciendo todos los días
y voy y vengo de la red matemática y luminosa
extrayendo del mineral negro de la noche
labios o vacíos insensatos que otorgan silencio
y no callan. Para morir vengo naciendo
casi todos los días. Y renazco de mis cenizas
como en pedestal solitario, albergando deseos
inoportunos, sensibles mezclas de jugos y néctares,
licores de la última bodega, que luego derramo
sobre amantes o libélulas amortajadas. Necesariamente
mi cuerpo se cumple en el espejo adormecido
de la madrugada, donde habitan reflejos imprevistos,
donde fulgen recelos impredecibles, donde ayer
fue mañana y hoy es pasado. Para nacer casi
siempre fui muriendo, crisálida dormida sobre
tabernas antiguas procurando óxido y demoliciones
derribos y materiales celestes. Sólo la luna
me conoce. ©
y voy y vengo de la red matemática y luminosa
extrayendo del mineral negro de la noche
labios o vacíos insensatos que otorgan silencio
y no callan. Para morir vengo naciendo
casi todos los días. Y renazco de mis cenizas
como en pedestal solitario, albergando deseos
inoportunos, sensibles mezclas de jugos y néctares,
licores de la última bodega, que luego derramo
sobre amantes o libélulas amortajadas. Necesariamente
mi cuerpo se cumple en el espejo adormecido
de la madrugada, donde habitan reflejos imprevistos,
donde fulgen recelos impredecibles, donde ayer
fue mañana y hoy es pasado. Para nacer casi
siempre fui muriendo, crisálida dormida sobre
tabernas antiguas procurando óxido y demoliciones
derribos y materiales celestes. Sólo la luna
me conoce. ©