Hay mujeres al borde de una copa de vino
leyendo a Pedro Juan Gutiérrez
son de esa raza que se divorcia
y carga a solas con sus hijos
a pesar de los semáforos
las costillas ausentes
y los recuerdos que se coagulan en la polaroid.
He visto mujeres que con el humo de un habano
exhalan versos húmedos de Bukowsky
al tiempo que la gravedad especula con sus carnes
la noche se les vuelve sinónimo de venganza
y la soledad, un adjetivo.
Se de mujeres que esperan
tal vez por vocación
por despecho
por amor, incluso
a que un día cualquiera
después de cosas tan eternas
como un café
un beso
descubras que has dejado rastros de tinta
en su espiral de silencios.
leyendo a Pedro Juan Gutiérrez
son de esa raza que se divorcia
y carga a solas con sus hijos
a pesar de los semáforos
las costillas ausentes
y los recuerdos que se coagulan en la polaroid.
He visto mujeres que con el humo de un habano
exhalan versos húmedos de Bukowsky
al tiempo que la gravedad especula con sus carnes
la noche se les vuelve sinónimo de venganza
y la soledad, un adjetivo.
Se de mujeres que esperan
tal vez por vocación
por despecho
por amor, incluso
a que un día cualquiera
después de cosas tan eternas
como un café
un beso
descubras que has dejado rastros de tinta
en su espiral de silencios.