María Rentería
Luna en Acuario.
Imagen de internet
Me condenaste a la esperanza
sin la esperanza.
Me condenaste a las palabras
sin tus palabras.
Me condenaste a los recuerdos y la melancolía.
Condenada a muerte,
a la muerte del amor,
me ha tocado en triste suerte
el silencio y el dolor.
De ti yo me alimentaba
y me gozaba en tus besos.
Con tu sabiduría me alentabas
y hoy solo te tengo en mis rezos.
¿Qué voy a hacer sin ti?
¿Qué voy a hacer sin tus caricias?
¡Desdichada! ¿Qué va a ser de mí
si ya no tengo tus delicias?
Condenada para siempre al vacío,
a la crudeza del invierno,
no obstante mi otoño y mi verano,
¡condenada por la eternidad al hastío!
La más grande paradoja:
aunque sobre mí pende tu condena,
mi corazón inexorable me arroja
a ti cada noche, al terminar la faena.