Nat Guttlein
さん
Te caes incluso sin escalar,
te vas rompiendo las uñas incluso sin luchar contra la gravedad,
tus pulmones se llenan de peste incluso sin respirar,
volteas a tu alrededor y te das cuenta,
caes en la cruel realidad.
En una en donde todos se creen ganadores,
en varios infiernos con forma de cielo,
en varios infinitos rodeados de pestilencia.
En un mundo en donde los virus son oxígeno,
el dinero corre entre las manos como el agua
y el odio y la hipocresía se visten de risas.
Somos uno más en el mapa,
somos un pequeño hormiguero que se mueve entre porquería,
entre las mentiras y los engaños que nos cuentan,
entre esa cueva maldita a la que llamamos hogar,
hasta que crecemos y vemos los lobos a nuestro alrededor,
con saliva goteando entre dientes que ansían nuestro dolor.
Somos presas esperando que los de arriba nos miren,
nos tomen en cuenta y así morir.
Sucios, rotos, solos,
pero ansiosos a la muerte,
a recostarnos sobre una acera que moldea a éste monstruo grande apodado sociedad.
Somos todo lo que se ve en los noticieros,
se mancha en las páginas de un diario
y suele esconderse entre líneas amarillas.
Tú coexistes entre lo que te dicen
y entre aquello que callas detrás de una mala palabra.
Tú puedes ser el amigo y el enemigo al mismo tiempo.
Tú puedes ser la cura y al mismo tiempo,
el veneno que se expande como la pus verde de una herida mugrienta.
Tú te puedes expresar libremente y ser el arma que activa la bomba.
Tú puedes ser ese esfuerzo que le das a tus mañanas
y que otro se dedica a sobre explotar.
Tú eres todo y nada.
Eres porque decides existir.
Eres.
te vas rompiendo las uñas incluso sin luchar contra la gravedad,
tus pulmones se llenan de peste incluso sin respirar,
volteas a tu alrededor y te das cuenta,
caes en la cruel realidad.
En una en donde todos se creen ganadores,
en varios infiernos con forma de cielo,
en varios infinitos rodeados de pestilencia.
En un mundo en donde los virus son oxígeno,
el dinero corre entre las manos como el agua
y el odio y la hipocresía se visten de risas.
Somos uno más en el mapa,
somos un pequeño hormiguero que se mueve entre porquería,
entre las mentiras y los engaños que nos cuentan,
entre esa cueva maldita a la que llamamos hogar,
hasta que crecemos y vemos los lobos a nuestro alrededor,
con saliva goteando entre dientes que ansían nuestro dolor.
Somos presas esperando que los de arriba nos miren,
nos tomen en cuenta y así morir.
Sucios, rotos, solos,
pero ansiosos a la muerte,
a recostarnos sobre una acera que moldea a éste monstruo grande apodado sociedad.
Somos todo lo que se ve en los noticieros,
se mancha en las páginas de un diario
y suele esconderse entre líneas amarillas.
Tú coexistes entre lo que te dicen
y entre aquello que callas detrás de una mala palabra.
Tú puedes ser el amigo y el enemigo al mismo tiempo.
Tú puedes ser la cura y al mismo tiempo,
el veneno que se expande como la pus verde de una herida mugrienta.
Tú te puedes expresar libremente y ser el arma que activa la bomba.
Tú puedes ser ese esfuerzo que le das a tus mañanas
y que otro se dedica a sobre explotar.
Tú eres todo y nada.
Eres porque decides existir.
Eres.