Cafla
Poeta recién llegado
Te fuiste directo a mi casa y vi venir todo el dolor
que atravesaba por cada uno de mis poros.
Emborrachada en lágrimas,
puse un cartel de engorro en mi frente
al no poder sacar mi cabeza al viento o abrir los brazos.
Me fui en una tarde a caminar tan lejos
que por un minuto perdí la cabeza,
también el orgullo minuciosamente construido, conservado.
Me pregunté quién había sido y cuáles fueron los lapsus.
Sabía que había sido despojada
de mi personaje principal hace tiempo.
Supe que hacía mal para el orgullo llorar,
así que, lo hice en la oscuridad,
nunca reconocí que era por una ausencia.
Los fantasmas se enfrentaban a mí
cada noche callada y tibia,
me cubría con la frazada para no verlos.
Supe seguir recordando los martirios más traumantes,
hallándomeme mitad muerta en mi cama
con sangre en las muñecas y ojos rojos;
cicatrices de cobardía por no afilar aún más la navaja.
Todo lo que tenía que hacer era correr, pero hacia mí.
Morí en segundos, quizás todavía esté muerta por dentro.
Crucé algunos límites autos dañinos que nunca pensé lograr,
seguí derrotando la cobardía.
Cientos de páginas, fueron toda la rabia,
una ausencia de auditora.
No quise amargar a nadie.
En las noches, rodeada de gente, yo no estaba ahí,
mi mente bailaba, tomaba el dolor.
No vi las señales, los antidepresivos no habían servido.
que atravesaba por cada uno de mis poros.
Emborrachada en lágrimas,
puse un cartel de engorro en mi frente
al no poder sacar mi cabeza al viento o abrir los brazos.
Me fui en una tarde a caminar tan lejos
que por un minuto perdí la cabeza,
también el orgullo minuciosamente construido, conservado.
Me pregunté quién había sido y cuáles fueron los lapsus.
Sabía que había sido despojada
de mi personaje principal hace tiempo.
Supe que hacía mal para el orgullo llorar,
así que, lo hice en la oscuridad,
nunca reconocí que era por una ausencia.
Los fantasmas se enfrentaban a mí
cada noche callada y tibia,
me cubría con la frazada para no verlos.
Supe seguir recordando los martirios más traumantes,
hallándomeme mitad muerta en mi cama
con sangre en las muñecas y ojos rojos;
cicatrices de cobardía por no afilar aún más la navaja.
Todo lo que tenía que hacer era correr, pero hacia mí.
Morí en segundos, quizás todavía esté muerta por dentro.
Crucé algunos límites autos dañinos que nunca pensé lograr,
seguí derrotando la cobardía.
Cientos de páginas, fueron toda la rabia,
una ausencia de auditora.
No quise amargar a nadie.
En las noches, rodeada de gente, yo no estaba ahí,
mi mente bailaba, tomaba el dolor.
No vi las señales, los antidepresivos no habían servido.