efimera quimera
Poeta recién llegado
Nací junto al tiempo inverosímil,
pegado al hálito salvaje aún
ascendente por un pretil;
bajo el cielo de inquisitivo betún,
oxidado y decadentemente hostil.
Respire el ocre oxigeno filial
Y entre adormecidos años empecé a soñar;
vislumbre entre el cielo nublado un pedregal
y soterrada a la infancia la tinta aprendió a respirar,
engendrando así el primer verso de cristal.
El luengo brazo del papel me adhirió
en una búsqueda de locos recuerdos carmín,
pero solo encontré un disfraz de soledad que al probármelo murió
la máscara incomoda y agobiante de satín,
que pegada a mis huesos ausculto el sino sombrío.
Poco a poco efervecio la vena enfermiza
y la realidad se hiso rabiosa cuando viví junto a los muertos
que aun llenan los zapatos. Oculte la sonrisa
entre senderos de Dante (con lagrimas narre escuetos
sufragios a la melancolía que el ama iza.)
El verbo sordo al reloj ame y la arboleda condenada inocule,
con el tácito y ambiguo perecer de los
ojos vírgenes e incrédulos de un palpitar de hule,
tan vedado a la insensibilidad. La viga de malos
augurios purgue, paseando errante encontré la roca que todo lo pule.
pegado al hálito salvaje aún
ascendente por un pretil;
bajo el cielo de inquisitivo betún,
oxidado y decadentemente hostil.
Respire el ocre oxigeno filial
Y entre adormecidos años empecé a soñar;
vislumbre entre el cielo nublado un pedregal
y soterrada a la infancia la tinta aprendió a respirar,
engendrando así el primer verso de cristal.
El luengo brazo del papel me adhirió
en una búsqueda de locos recuerdos carmín,
pero solo encontré un disfraz de soledad que al probármelo murió
la máscara incomoda y agobiante de satín,
que pegada a mis huesos ausculto el sino sombrío.
Poco a poco efervecio la vena enfermiza
y la realidad se hiso rabiosa cuando viví junto a los muertos
que aun llenan los zapatos. Oculte la sonrisa
entre senderos de Dante (con lagrimas narre escuetos
sufragios a la melancolía que el ama iza.)
El verbo sordo al reloj ame y la arboleda condenada inocule,
con el tácito y ambiguo perecer de los
ojos vírgenes e incrédulos de un palpitar de hule,
tan vedado a la insensibilidad. La viga de malos
augurios purgue, paseando errante encontré la roca que todo lo pule.