Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces me miro y no sé si fiarme
de esa oscura figura que se refleja en mí,
a veces me miro y empiezo a escudarme
en las señales de mi cicatriz,
en las alforjas de mis pesares
en las nubes que se abren para mí.
Desconfío hasta del sol que me hace sombra
y aprendí a observar y luego sonreír,
las camas más desnudas no se me antojan
desde que el amor perdió fuerza por aquí.
Pasajero soy
carabina en mano,
legionario de ocasión
prisionero del furor
y discípulo del fiasco.
A veces me aconsejo no dar ni un paso
otras veces ni me siento a meditar,
corro escaleras hacia abajo
y en vez del sótano hallo un desván.
Vanidades que congelan los excesos
de este show mal llamado libertad,
seis heridos, dos excitados y tres muertos
en este accidente de bondad.
Pasajero soy
vendedor de malas señas,
escapista de profesión
autor de tus disturbios
y columnista de acuarelas.
Pasajero soy
de piernas mal cerradas,
médico sin licencia
amante de las huelgas
que llevan al sexo sin control.
de esa oscura figura que se refleja en mí,
a veces me miro y empiezo a escudarme
en las señales de mi cicatriz,
en las alforjas de mis pesares
en las nubes que se abren para mí.
Desconfío hasta del sol que me hace sombra
y aprendí a observar y luego sonreír,
las camas más desnudas no se me antojan
desde que el amor perdió fuerza por aquí.
Pasajero soy
carabina en mano,
legionario de ocasión
prisionero del furor
y discípulo del fiasco.
A veces me aconsejo no dar ni un paso
otras veces ni me siento a meditar,
corro escaleras hacia abajo
y en vez del sótano hallo un desván.
Vanidades que congelan los excesos
de este show mal llamado libertad,
seis heridos, dos excitados y tres muertos
en este accidente de bondad.
Pasajero soy
vendedor de malas señas,
escapista de profesión
autor de tus disturbios
y columnista de acuarelas.
Pasajero soy
de piernas mal cerradas,
médico sin licencia
amante de las huelgas
que llevan al sexo sin control.