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Pasajeros

penabad57

Poeta veterano en el portal
No hay afueras cuando su perímetro circunda

el parteluz de mi tránsito, piscinas como ojos de agua

entre flores blancas de azahar, un aroma a pétalos

en el aire que abril extiende sobre un pavimento

anónimo, el púrpura de los autobuses no es el color

de un relámpago herido, es bandera de sangre que recorre los silencios

de la ciudad con la fe nocturna del águila en los faros que vierten

su luz hacia el núcleo de unas sombras que lamentan la llegada del día;

y ya somos un río sin nombre bajo el humo gris de las avenidas,

un río que atraviesa el jardín inhóspito de los centros comerciales,

la fugacidad de los vagones de cercanías al alba y al atardecer

que son nube lánguida, nube de sudor y móviles

como espejos donde se refleja el rostro infantil

de los niños que fuimos en la arcadia feliz del tiempo

que pasó sin un eclipse de luna en los labios.
 
Última edición:
No hay afueras cuando su perímetro circunda

el parteluz de mi tránsito, piscinas como ojos de agua

entre flores blancas de azahar, un aroma a pétalos

en el aire que abril extiende sobre un pavimento

anónimo, el púrpura de los autobuses no es el color

de un relámpago herido, es bandera de sangre que recorre los silencios

de la ciudad con la fe nocturna del águila en los faros que vierten

su luz hacia el núcleo de unas sombras que lamentan la llegada del día;

y ya somos un río sin nombre bajo el humo gris de las avenidas,

un río que atraviesa el jardín inhóspito de los centros comerciales,

la fugacidad de los vagones al alba y al atardecer

que es nube lánguida, nube de sudor y móviles

como espejos donde se refleja el rostro infantil

de los niños que fuimos en la arcadia feliz del tiempo

que pasó sin un eclipse de luna en los labios.
Espectacular poema Penabad, me encanta como juegas con las imágenes en tus poemas. Un abrazo con la pluma del alma
 
No hay afueras cuando su perímetro circunda

el parteluz de mi tránsito, piscinas como ojos de agua

entre flores blancas de azahar, un aroma a pétalos

en el aire que abril extiende sobre un pavimento

anónimo, el púrpura de los autobuses no es el color

de un relámpago herido, es bandera de sangre que recorre los silencios

de la ciudad con la fe nocturna del águila en los faros que vierten

su luz hacia el núcleo de unas sombras que lamentan la llegada del día;

y ya somos un río sin nombre bajo el humo gris de las avenidas,

un río que atraviesa el jardín inhóspito de los centros comerciales,

la fugacidad de los vagones al alba y al atardecer

que es nube lánguida, nube de sudor y móviles

como espejos donde se refleja el rostro infantil

de los niños que fuimos en la arcadia feliz del tiempo

que pasó sin un eclipse de luna en los labios.
Muy bueno.

Saludos
 
No hay afueras cuando su perímetro circunda

el parteluz de mi tránsito, piscinas como ojos de agua

entre flores blancas de azahar, un aroma a pétalos

en el aire que abril extiende sobre un pavimento

anónimo, el púrpura de los autobuses no es el color

de un relámpago herido, es bandera de sangre que recorre los silencios

de la ciudad con la fe nocturna del águila en los faros que vierten

su luz hacia el núcleo de unas sombras que lamentan la llegada del día;

y ya somos un río sin nombre bajo el humo gris de las avenidas,

un río que atraviesa el jardín inhóspito de los centros comerciales,

la fugacidad de los vagones de cercanías al alba y al atardecer

que son nube lánguida, nube de sudor y móviles

como espejos donde se refleja el rostro infantil

de los niños que fuimos en la arcadia feliz del tiempo

que pasó sin un eclipse de luna en los labios.
Un bello poema con imágenes increíbles... Me encantó! Saludos...
 
No hay afueras cuando su perímetro circunda

el parteluz de mi tránsito, piscinas como ojos de agua

entre flores blancas de azahar, un aroma a pétalos

en el aire que abril extiende sobre un pavimento

anónimo, el púrpura de los autobuses no es el color

de un relámpago herido, es bandera de sangre que recorre los silencios

de la ciudad con la fe nocturna del águila en los faros que vierten

su luz hacia el núcleo de unas sombras que lamentan la llegada del día;

y ya somos un río sin nombre bajo el humo gris de las avenidas,

un río que atraviesa el jardín inhóspito de los centros comerciales,

la fugacidad de los vagones de cercanías al alba y al atardecer

que son nube lánguida, nube de sudor y móviles

como espejos donde se refleja el rostro infantil

de los niños que fuimos en la arcadia feliz del tiempo

que pasó sin un eclipse de luna en los

Un placer siempre visitar tus letras amigo.
Un abrazo.
 
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