Pasatiempo

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa
No hubo encuentro. No se vieron nunca más allá de estáticas fotografías de Internet. El vuelo no aconteció, tampoco la bienvenida emocionada ni la sensación nueva del olor a ella y los labios gruesos color fucsia. Su amor murió en el huevo, sin haber tenido tiempo de nacer completamente en los besos, las caminatas bajo la luz húmeda de farolas calladas, las manos entreveradas, los aromas percibidos, las risas expectantes solicitando eternidad.

Ella consideró que todo aquello era para él un pasatiempo. Así se lo dijo la tarde en que tuvieron aquel último amago de discusión y para él tal revelación marcó el indicativo de que ya las cosas no podían continuar.

Había sido un amor tormentoso, lleno de contradicciones. Cosas del sentimiento, que anida hasta en los más intrincados abismos, ciego y torpe, ajeno a los peligros que puedan estarlo cercando. A él le correspondió dar el paso definitivo y así como un día frotó piedras de cuarzo para generar las chispas capaces de encender un fuego tan deseado como incierto, ahora debió disparar justo al corazón fetal de un amor sin futuro.

Y ahí estaba: contemplando trémulo, lleno de rabia, doblado por la decepción y bajo una pertinaz melancolía, los pedazos rotos de su propio corazón destruido. Incapaz todavía de irse del todo. Sumido en ese extraño duelo donde dos personas que ya no se hablan velan, de espaldas entre sí, el inmaterial cadaver de un amor imposible.

El día -por fin- amaneció nublado luego de tantas jornadas iridiscentes. Terminaba el verano. Se podía presentir una primavera injusta, ajena, sórdida. Interminable . Se abrían paso, triunfantes, el dolor y la tristeza. Entre la bruma incierta del desconsuelo pudo escucharse el leve timbre telefónico de las seis am. Amargo como el café sin azúcar que acababa de tomar, él frunció desde sus huesos la totalidad de su extraña, dio un leve puntapié a un trozo húmedo de corazón... y se lanzó otra vez hacia la rutina acelerada de la calle.


Mayo y duelo. 2015. César Guevara
 
Última edición:
Excelente el tema y la narrativa. Bien manejada la trama que mantiene a la expectativa al lector. Un placer leerte. Saludos.

Nota: Tengo una sola objeción. En la antepenúltima línea dice: "se habrían paso" y lo correcto es: "se abrían paso".

Hermano, muchísimas gracias por el generoso comentario y por la observación (un "horror" ortográfico ya corregido gracias a su atención). La verdad es que uno es sortario de encontrar aquí tan buenos lectores y compañeros. Otra vez gracias.
 
No hubo encuentro. No se vieron nunca más allá de estáticas fotografías de Internet. El vuelo no aconteció, tampoco la bienvenida emocionada ni la sensación nueva del olor a ella y los labios gruesos color fucsia. Su amor murió en el huevo, sin haber tenido tiempo de nacer completamente en los besos, las caminatas bajo la luz húmeda de farolas calladas, las manos entreveradas, los aromas percibidos, las risas expectantes solicitando eternidad.

Ella consideró que todo aquello era para él un pasatiempo. Así se lo dijo la tarde en que tuvieron aquel último amago de discusión y para él tal revelación marcó el indicativo de que ya las cosas no podían continuar.

Había sido un amor tormentoso, lleno de contradicciones. Cosas del sentimiento, que anida hasta en los más intrincados abismos, ciego y torpe, ajeno a los peligros que puedan estarlo cercando. A él le correspondió dar el paso definitivo y así como un día frotó piedras de cuarzo para generar las chispas capaces de encender un fuego tan deseado como incierto, ahora debió disparar justo al corazón fetal de un amor sin futuro.

Y ahí estaba: contemplando trémulo, lleno de rabia, doblado por la decepción y bajo una pertinaz melancolía, los pedazos rotos de su propio corazón destruido. Incapaz todavía de irse del todo. Sumido en ese extraño duelo donde dos personas que ya no se hablan velan, de espaldas entre sí, el inmaterial cadaver de un amor imposible.

El día -por fin- amaneció nublado luego de tantas jornadas iridiscentes. Terminaba el verano. Se podía presentir una primavera injusta, ajena, sórdida. Interminable . Se abrían paso, triunfantes, el dolor y la tristeza. Entre la bruma incierta del desconsuelo pudo escucharse el leve timbre telefónico de las seis am. Amargo como el café sin azúcar que acababa de tomar, él frunció desde sus huesos la totalidad de su extraña, dio un leve puntapié a un trozo húmedo de corazón... y se lanzó otra vez hacia la rutina acelerada de la calle.


Mayo y duelo. 2015. César Guevara

Que buena retórica tienes mi hermano ! Esta prosa poética melancólica me ha dejado impresionado. Es un desfile sin fin de bella lírica

Un fuerte abrazo desde GDL
 
No hubo encuentro. No se vieron nunca más allá de estáticas fotografías de Internet. El vuelo no aconteció, tampoco la bienvenida emocionada ni la sensación nueva del olor a ella y los labios gruesos color fucsia. Su amor murió en el huevo, sin haber tenido tiempo de nacer completamente en los besos, las caminatas bajo la luz húmeda de farolas calladas, las manos entreveradas, los aromas percibidos, las risas expectantes solicitando eternidad.

Ella consideró que todo aquello era para él un pasatiempo. Así se lo dijo la tarde en que tuvieron aquel último amago de discusión y para él tal revelación marcó el indicativo de que ya las cosas no podían continuar.

Había sido un amor tormentoso, lleno de contradicciones. Cosas del sentimiento, que anida hasta en los más intrincados abismos, ciego y torpe, ajeno a los peligros que puedan estarlo cercando. A él le correspondió dar el paso definitivo y así como un día frotó piedras de cuarzo para generar las chispas capaces de encender un fuego tan deseado como incierto, ahora debió disparar justo al corazón fetal de un amor sin futuro.

Y ahí estaba: contemplando trémulo, lleno de rabia, doblado por la decepción y bajo una pertinaz melancolía, los pedazos rotos de su propio corazón destruido. Incapaz todavía de irse del todo. Sumido en ese extraño duelo donde dos personas que ya no se hablan velan, de espaldas entre sí, el inmaterial cadaver de un amor imposible.

El día -por fin- amaneció nublado luego de tantas jornadas iridiscentes. Terminaba el verano. Se podía presentir una primavera injusta, ajena, sórdida. Interminable . Se abrían paso, triunfantes, el dolor y la tristeza. Entre la bruma incierta del desconsuelo pudo escucharse el leve timbre telefónico de las seis am. Amargo como el café sin azúcar que acababa de tomar, él frunció desde sus huesos la totalidad de su extraña, dio un leve puntapié a un trozo húmedo de corazón... y se lanzó otra vez hacia la rutina acelerada de la calle.


Mayo y duelo. 2015. César Guevara
Ayyy César, se leen con avidez tu emotiva y bella prosa. A veces una historia de amor se interrumpe de pronto por diferentes circunstancias y quedamos sumidos en la melancolía, pero hay que seguir adelante con la bendita rutina y con la esperanza de que el tiempo todo lo calma. Me ha encantado leerte querido amigo. Besazos con cariño y admiración.
 
Ayyy César, se leen con avidez tu emotiva y bella prosa. A veces una historia de amor se interrumpe de pronto por diferentes circunstancias y quedamos sumidos en la melancolía, pero hay que seguir adelante con la bendita rutina y con la esperanza de que el tiempo todo lo calma. Me ha encantado leerte querido amigo. Besazos con cariño y admiración.

Gracias por estar aquí, Loma fresquita de Granada. Sí. Y lo que cuesta ¿no? Continuar, cerrar ciclos. Uno lo único que quiere es echarse como un perro y dejar que la vida pase. Me he conformado, por mi parte, con dejarme crecer por un tiempo la barba y trabajar todo lo que pueda. Y mucho café.

Un saludo desde acá, mujer.
 
Auch, amigOso!!!
Esa maldita distancia que acelera los anhelos, los deseos y los sentidos de querer estrechar entre los brazos al ser amado, el querer rozar desesperadamente sus labios con los nuestros, pero también esa terrible distancia es la que marca nuestro destino al desamor, y como duele carajo! todo lo que provoca por no poder estar frente a frente y poder demostrar todos los sentimientos que aunamos en el corazón, más allá de las palabras!!! Uff, amigo, tu prosa me ha llevado reflexionar sobre esas historias virtuales que terminan en nada, porque son muy pocos los que realmente hacen todo lo imposible para poder concretar y hacerlo realidad!! Te dejo un gran abrazo y mi compañía de monitamiga en este Mayo de duelo!!!
 
No hubo encuentro. No se vieron nunca más allá de estáticas fotografías de Internet. El vuelo no aconteció, tampoco la bienvenida emocionada ni la sensación nueva del olor a ella y los labios gruesos color fucsia. Su amor murió en el huevo, sin haber tenido tiempo de nacer completamente en los besos, las caminatas bajo la luz húmeda de farolas calladas, las manos entreveradas, los aromas percibidos, las risas expectantes solicitando eternidad.

Ella consideró que todo aquello era para él un pasatiempo. Así se lo dijo la tarde en que tuvieron aquel último amago de discusión y para él tal revelación marcó el indicativo de que ya las cosas no podían continuar.

Había sido un amor tormentoso, lleno de contradicciones. Cosas del sentimiento, que anida hasta en los más intrincados abismos, ciego y torpe, ajeno a los peligros que puedan estarlo cercando. A él le correspondió dar el paso definitivo y así como un día frotó piedras de cuarzo para generar las chispas capaces de encender un fuego tan deseado como incierto, ahora debió disparar justo al corazón fetal de un amor sin futuro.

Y ahí estaba: contemplando trémulo, lleno de rabia, doblado por la decepción y bajo una pertinaz melancolía, los pedazos rotos de su propio corazón destruido. Incapaz todavía de irse del todo. Sumido en ese extraño duelo donde dos personas que ya no se hablan velan, de espaldas entre sí, el inmaterial cadaver de un amor imposible.

El día -por fin- amaneció nublado luego de tantas jornadas iridiscentes. Terminaba el verano. Se podía presentir una primavera injusta, ajena, sórdida. Interminable . Se abrían paso, triunfantes, el dolor y la tristeza. Entre la bruma incierta del desconsuelo pudo escucharse el leve timbre telefónico de las seis am. Amargo como el café sin azúcar que acababa de tomar, él frunció desde sus huesos la totalidad de su extraña, dio un leve puntapié a un trozo húmedo de corazón... y se lanzó otra vez hacia la rutina acelerada de la calle.


Mayo y duelo. 2015. César Guevara
Maravillosa historia de amor,pero...Qué triste final! Si pusieras escribir la continuidad de esta,quizás un reencuentro sería emocionante.
Excelente prosa mi pana. Eres un gran escritor y romántico empedernido. Mis APLAUSOS por ambas virtudes. Un abrazote hasta allá.
 
Maravillosa historia de amor,pero...Qué triste final! Si pusieras escribir la continuidad de esta,quizás un reencuentro sería emocionante.
Excelente prosa mi pana. Eres un gran escritor y romántico empedernido. Mis APLAUSOS por ambas virtudes. Un abrazote hasta allá.

Mi pana... Gracias por todas esas palabras hermosas. Lamentablemente lo de la continuidad no creo que pueda escribirlo. Está muy lejos de mi pluma ese suceso... El final, pues, se ha repetido varias veces en distintos momentos y poemas y como todo, hasta los finales pierden fuerza, o los reencuentros.

No te niego que a veces me provoca echar hacia atrás e intentar escribir nuevos capítulos a esta historia, pero escribirla termina doliendo... A más de uno.

Disculpa lo largo de mi respuesta. Te considero amiga. Por eso me tomo el exceso de confianza. No, no habrá reencuentro porque un reencuentro significará un nuevo final, otro. De hecho ni este escrito debió existir, si te soy franco. Existió solo por tonta terquedad.

Gracias. Gracias por ser bella y amable para con mis letras y conmigo. Gracias, en verdad lo aprecio.
 
Auch, amigOso!!!
Esa maldita distancia que acelera los anhelos, los deseos y los sentidos de querer estrechar entre los brazos al ser amado, el querer rozar desesperadamente sus labios con los nuestros, pero también esa terrible distancia es la que marca nuestro destino al desamor, y como duele carajo! todo lo que provoca por no poder estar frente a frente y poder demostrar todos los sentimientos que aunamos en el corazón, más allá de las palabras!!! Uff, amigo, tu prosa me ha llevado reflexionar sobre esas historias virtuales que terminan en nada, porque son muy pocos los que realmente hacen todo lo imposible para poder concretar y hacerlo realidad!! Te dejo un gran abrazo y mi compañía de monitamiga en este Mayo de duelo!!!

A veces hacer todo lo imposible no es una buena opción. ¿Para qué echarle a perder la vida a otra persona? amar, a veces, implica renunciar. Lo malo es que como quiera uno termina causando dolor: si renuncia porque renuncia... si no lo hace, por no hacerlo. Y el dolor de la otra persona se suma al dolor propio. El amor no hace diferencias entre la internet a cinco mil kilómetros de distancia y la cama con dos cuerpos fundidos. Cuando no es para uno duele igual, de cerca o de lejos. Es un mayo de duelo, de inconformidad, del impulso loco a forzar una vez más las cosas, de dolor, de vacío, de rabia, de tristeza. Y de paso no termina de llegar la lluvia!!.

Te pido disculpas, Monitamiga, por haber pasado por alto tu bello mensaje. El teléfono no me lo mostró y no tuve la precaución de ir más arriba a ver si aparte de lo que me mostraba había más... como en efecto sucedió. Gracias por tu abrazo, tu compañía, tu solidaridad, tu amistad. El problema nunca fue la distancia física, fueron otras distancias mucho más difíciles de superar. "Hay amores imposibles, pero sigue siendo amor".
 

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