Gaspar Nuñez
Poeta recién llegado
Pasen a ver, hogar de Incoherencia.
20 de Febrero de 2013
No se perderán, sigan los semáforos del recorrido.
Los invitados rasquetean el barro de sus suelas en la alfombrilla de bienvenida, -necedad - se observa que dice con un par de filetes porteños.
Aquí, en mi casa, es donde la Incoherencia ganó todas y cada una de las batallas. Con creces. Cada noche, sin pagar la cuenta.
Incoherencia en velo se arropa a lo quinceañera, en las carnes de una quinceañera, registrando todo desde los orbes de una quinceañera. ¡Pero no se confundan! No es una quinceañera, es la incoherencia misma
Cada día Incoherencia abandona su cuna rosa con el pie izquierdo, mientras la observamos desde aquí, fuera de su granja de hormigas. Así comienza su alunizaje. Pinta una rabieta en cada baldosa, como ha acostumbrado desde hace más de década y media, y sigue paso a paso el cronograma de sus días. Proyecta una sonrisa sobre su rostro, se hace de su capa y cesto de mimbre y reparte a cada uno de los presentes los bufidos, aún frescos, recolectos la noche anterior. Se dopa. Y la prole, asustados en penumbra de rincón esperando aplaudir banquetear otro berrinche.
Es el sol quien lo mueve todo a su alrededor y algunos ya nos deslizamos por inercia.
En mi casa se han traspapelado los chupetes y bastones, todo un drama. Es aquí, donde vivo, en donde los cocineros son verdugos, se travisten de juez, que por las noche se maquillan de origen y también de polizontes. Fundamentan con ciencia la fantasía y entre contradicciones y absurdos parten. Estos, laurean la locura.
El mantel crepuscular nos congrega e Incoherencia llega derramando su sinrazón, manchando las paredes. Se dopa.
Los labios jamás arrojarán un ¡Pues que coma pasteles!- más bien a menudo se oye un -¡Se le dará pan a Incoherencia!-. Es por ello que los cocineros, ahora siameses, no soportan que ella haga su magia, su pasatiempo preferido, su especialidad: de sus ojos de agua emergen lagrimitas de plástico que llevan escritas palabras vanas. Concluyen la reunión exprimiendo sus cabezas y le ofrecen tierra y cielo, desnudan sus huesos que son para el postre. El crío solo chillaba con las manos estiradas pidiendo una pizca de aire
Es una porción de Incoherencia el condimento que galopa en mis venas rojas.
Si desea rehacer el recorrido deposite otro fichín.
20 de Febrero de 2013
No se perderán, sigan los semáforos del recorrido.
Los invitados rasquetean el barro de sus suelas en la alfombrilla de bienvenida, -necedad - se observa que dice con un par de filetes porteños.
Aquí, en mi casa, es donde la Incoherencia ganó todas y cada una de las batallas. Con creces. Cada noche, sin pagar la cuenta.
Incoherencia en velo se arropa a lo quinceañera, en las carnes de una quinceañera, registrando todo desde los orbes de una quinceañera. ¡Pero no se confundan! No es una quinceañera, es la incoherencia misma
Cada día Incoherencia abandona su cuna rosa con el pie izquierdo, mientras la observamos desde aquí, fuera de su granja de hormigas. Así comienza su alunizaje. Pinta una rabieta en cada baldosa, como ha acostumbrado desde hace más de década y media, y sigue paso a paso el cronograma de sus días. Proyecta una sonrisa sobre su rostro, se hace de su capa y cesto de mimbre y reparte a cada uno de los presentes los bufidos, aún frescos, recolectos la noche anterior. Se dopa. Y la prole, asustados en penumbra de rincón esperando aplaudir banquetear otro berrinche.
Es el sol quien lo mueve todo a su alrededor y algunos ya nos deslizamos por inercia.
En mi casa se han traspapelado los chupetes y bastones, todo un drama. Es aquí, donde vivo, en donde los cocineros son verdugos, se travisten de juez, que por las noche se maquillan de origen y también de polizontes. Fundamentan con ciencia la fantasía y entre contradicciones y absurdos parten. Estos, laurean la locura.
El mantel crepuscular nos congrega e Incoherencia llega derramando su sinrazón, manchando las paredes. Se dopa.
Los labios jamás arrojarán un ¡Pues que coma pasteles!- más bien a menudo se oye un -¡Se le dará pan a Incoherencia!-. Es por ello que los cocineros, ahora siameses, no soportan que ella haga su magia, su pasatiempo preferido, su especialidad: de sus ojos de agua emergen lagrimitas de plástico que llevan escritas palabras vanas. Concluyen la reunión exprimiendo sus cabezas y le ofrecen tierra y cielo, desnudan sus huesos que son para el postre. El crío solo chillaba con las manos estiradas pidiendo una pizca de aire
Es una porción de Incoherencia el condimento que galopa en mis venas rojas.
Si desea rehacer el recorrido deposite otro fichín.