Paseo al atardecer por la atlántica Coruña

penabad57

Poeta veterano en el portal
Qué lienzo de nácar,
qué ola se encumbra bajo las cornisas viejas,
qué lentitud hay en las gasas de los ventanales que orea el viento ártabro,
qué fría ceniza la del adoquín donde la huella deja pétalos,
surcos blanquecinos, migajas de un oleaje de albañal.

Ciudad sin rayos, ciudad esdrújula de fémur infantil,
de uñas de arena en los costados, ciudad martillo y piedra ocre,
de losas enjalbegadas por el musgo y la flor de la humedad,
ciudad sin versos, angosta tras su ombligo de plazas recoletas,
ciudad de luz en los soportales, risa de meiga en los diques.

La heroína iza su faldón, apunta con su flecha color púrpura,
al galeón, al desfile de pañuelos negros, al dorado de los pendientes,
a la calavera y las tibias que luce la enseña del pirata.

Y se yergue, María, ¡qué altitud en su bajura, qué astro en los ojos,
qué pundonor de hembra en carne viva!, el latido de su corazón,
como un estruendo, retumba en los pantalanes,
palpita en las galerías de cristal, revive en los cruceiros,
la colegiata enfebrecida arroja su sexo de campanas
a la noche de fuego azul.

Junto al mar un cormorán nada con cresta de oro,
el faro expele un haz puro sobre los ribazos, las olas ebúrneas,
el cantil y la bocana del puerto, donde las gaviotas chillan alrededor
de los pesqueros, pesqueros blancos y azules que recortan
con su proa las colinas del agua, el cadáver del día,
las ultimas llamas de un ocaso que, vencido, se acuesta a poniente,
esfera de luz entre las sábanas del océano, dormitan los delfines
bajo un licor de esponjas.

 
ciudad sin versos, angosta tras su ombligo de plazas recoletas,
¡Qué espléndido poema, amigo penabad57! Elegía épica, canto de amor... díficil de calificar, pero llega al alma del lector. Apenas conozco A Coruña pero mi recuerdo ha vibrado con tus versos. Ya no podrás calificarla de ciudad sin versos, porque los tuyos han tejido una espléndida orla en su blasón. Admirable. Un abrazo,
miguel
 
Última edición:
Qué lienzo de nácar,
qué ola se encumbra bajo las cornisas viejas,
qué lentitud hay en las gasas de los ventanales que orea el viento ártabro,
qué fría ceniza la del adoquín donde la huella deja pétalos,
surcos blanquecinos, migajas de un oleaje de albañal.

Ciudad sin rayos, ciudad esdrújula de fémur infantil,
de uñas de arena en los costados, ciudad martillo y piedra ocre,
de losas enjalbegadas por el musgo y la flor de la humedad,
ciudad sin versos, angosta tras su ombligo de plazas recoletas,
ciudad de luz en los soportales, risa de meiga en los diques.

La heroína iza su faldón, apunta con su flecha color púrpura,
al galeón, al desfile de pañuelos negros, al dorado de los pendientes,
a la calavera y las tibias que luce la enseña del pirata.

Y se yergue, María, ¡qué altitud en su bajura, qué astro en los ojos,
qué pundonor de hembra en carne viva!, el latido de su corazón,
como un estruendo, retumba en los pantalanes,
palpita en las galerías de cristal, revive en los cruceiros,
la colegiata enfebrecida arroja su sexo de campanas
a la noche de fuego azul.

Junto al mar un cormorán nada con cresta de oro,
el faro expele un haz puro sobre los ribazos, las olas ebúrneas,
el cantil y la bocana del puerto, donde las gaviotas chillan alrededor
de los pesqueros, pesqueros blancos y azules que recortan
con su proa las colinas del agua, el cadáver del día,
las ultimas llamas de un ocaso que, vencido, se acuesta a poniente,
esfera de luz entre las sábanas del océano, dormitan los delfines
bajo un licor de esponjas.

Los cuatro abuelos de mi esposo eran de allá, mi hijo tiene sangre gallega en sus venas, así que siempre sentiré empatía por esa tierra que algún día espero recorrer.
Argentina recibió a muchos españoles e italianos (yo tengo ascendencia italiana directa) y seguimos conservando esas costumbres para que jamás se nos olviden.
Es muy bello tu homenaje, fiel a tu estilo de absoluta calidad.
Un abrazo.
 
¡Qué espléndido poema, amigo penabad57! Elegía épica, canto de amor... díficil de calificar, pero llega al alma del lector. Apenas conozco A Coruña pero mi recuerdo ha vibrado con tus versos. Ya no podrás calificarla de ciudad sin versos, porque los tuyos han tejido una espléndida orla en su blasón. Admirable. Un abrazo,
miguel
Gracias, Miguel, por tu lectura y generosas palabras. Un abrazo, amigo.
 
Qué lienzo de nácar,
qué ola se encumbra bajo las cornisas viejas,
qué lentitud hay en las gasas de los ventanales que orea el viento ártabro,
qué fría ceniza la del adoquín donde la huella deja pétalos,
surcos blanquecinos, migajas de un oleaje de albañal.

Ciudad sin rayos, ciudad esdrújula de fémur infantil,
de uñas de arena en los costados, ciudad martillo y piedra ocre,
de losas enjalbegadas por el musgo y la flor de la humedad,
ciudad sin versos, angosta tras su ombligo de plazas recoletas,
ciudad de luz en los soportales, risa de meiga en los diques.

La heroína iza su faldón, apunta con su flecha color púrpura,
al galeón, al desfile de pañuelos negros, al dorado de los pendientes,
a la calavera y las tibias que luce la enseña del pirata.

Y se yergue, María, ¡qué altitud en su bajura, qué astro en los ojos,
qué pundonor de hembra en carne viva!, el latido de su corazón,
como un estruendo, retumba en los pantalanes,
palpita en las galerías de cristal, revive en los cruceiros,
la colegiata enfebrecida arroja su sexo de campanas
a la noche de fuego azul.

Junto al mar un cormorán nada con cresta de oro,
el faro expele un haz puro sobre los ribazos, las olas ebúrneas,
el cantil y la bocana del puerto, donde las gaviotas chillan alrededor
de los pesqueros, pesqueros blancos y azules que recortan
con su proa las colinas del agua, el cadáver del día,
las ultimas llamas de un ocaso que, vencido, se acuesta a poniente,
esfera de luz entre las sábanas del océano, dormitan los delfines
bajo un licor de esponjas.


Fantástico poema. Siempre quise ser gallego o habitar esas tierras lluviosas. Un abrazo.
 
Junto al mar un cormorán nada con cresta de oro,
el faro expele un haz puro sobre los ribazos, las olas ebúrneas,
el cantil y la bocana del puerto, donde las gaviotas chillan alrededor
de los pesqueros, pesqueros blancos y azules que recortan
con su proa las colinas del agua, el cadáver del día,
las ultimas llamas de un ocaso que, vencido, se acuesta a poniente,
esfera de luz entre las sábanas del océano, dormitan los delfines
bajo un licor de esponjas.

Que espléndida descripción de tu bella Coruña !!Aplausos
 
Los cuatro abuelos de mi esposo eran de allá, mi hijo tiene sangre gallega en sus venas, así que siempre sentiré empatía por esa tierra que algún día espero recorrer.
Argentina recibió a muchos españoles e italianos (yo tengo ascendencia italiana directa) y seguimos conservando esas costumbres para que jamás se nos olviden.
Es muy bello tu homenaje, fiel a tu estilo de absoluta calidad.
Un abrazo.
Me alegra saber que tenemos, en parte, una ascendencia común. Galicia fue tierra de emigrantes, ahora menos, hacia América y hacia Europa. Sin ir más lejos, tanto la familia de mi padre como la de mi madre ,emigraron a Cuba, donde los avatares políticos hicieron que tuvieran que volver a España. Gracias, Cecy, por leer y comentar. Un abrazo y buen domingo.
 
Última edición:
Qué lienzo de nácar,
qué ola se encumbra bajo las cornisas viejas,
qué lentitud hay en las gasas de los ventanales que orea el viento ártabro,
qué fría ceniza la del adoquín donde la huella deja pétalos,
surcos blanquecinos, migajas de un oleaje de albañal.

Ciudad sin rayos, ciudad esdrújula de fémur infantil,
de uñas de arena en los costados, ciudad martillo y piedra ocre,
de losas enjalbegadas por el musgo y la flor de la humedad,
ciudad sin versos, angosta tras su ombligo de plazas recoletas,
ciudad de luz en los soportales, risa de meiga en los diques.

La heroína iza su faldón, apunta con su flecha color púrpura,
al galeón, al desfile de pañuelos negros, al dorado de los pendientes,
a la calavera y las tibias que luce la enseña del pirata.

Y se yergue, María, ¡qué altitud en su bajura, qué astro en los ojos,
qué pundonor de hembra en carne viva!, el latido de su corazón,
como un estruendo, retumba en los pantalanes,
palpita en las galerías de cristal, revive en los cruceiros,
la colegiata enfebrecida arroja su sexo de campanas
a la noche de fuego azul.

Junto al mar un cormorán nada con cresta de oro,
el faro expele un haz puro sobre los ribazos, las olas ebúrneas,
el cantil y la bocana del puerto, donde las gaviotas chillan alrededor
de los pesqueros, pesqueros blancos y azules que recortan
con su proa las colinas del agua, el cadáver del día,
las ultimas llamas de un ocaso que, vencido, se acuesta a poniente,
esfera de luz entre las sábanas del océano, dormitan los delfines
bajo un licor de esponjas.
Que poderosa visión de mujer bajo el lente de un gran escritor. Un abrazo, Ramón.
 

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