Paseo al atardecer

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Ha pasado el tiempo

ausente y gris,

enredado entre los libros.

Aparentemente serenos

pasan los días

pero se mezclan con torbellinos de sentimientos,

de ideas

que los avivan

como los soplillos a las pavesas,

a las ascuas

que negras en el vientre de la hornilla

con el aire enrojecen y queman.

Me acerco a la calle

para andarla sin destino,

y las ideas se apagan

dulce y sabiamente

para dar tregua

a la cabeza incesante,

hacedora incansable

de pensamientos.

Y absorber por mis ventanas negras

el vaivén de las gentes

que ajenas a mí,

desfilan con sus pequeños mundos a cuestas,

y como círculos entrelazados

notamos a veces

un trocito de sus vidas

meterse en la nuestra.

Es una soledad compartida,

entrar y salir a tientas

de las vidas ajenas

que nos conforma,

nos moldea la nuestra.

La noche llegó

a la luz de las farolas amarillea.

Dulcemente

los niños desaparecen de la calle

y los perros los sustituyen

con sus ladridos menos estridentes

que los gritos de los chiquillos,

más pacíficos,

con menos vida entre sus airados dientes.
 
Paseo en soledad cuando llega el ocaso y la mente divaga entre sentimientos y matices transitando recuerdos con el entorno.

Agradecido en la lectura que nos brindas, recibe respetuosamente un beso.
 
Ha pasado el tiempo

ausente y gris,

enredado entre los libros.

Aparentemente serenos

pasan los días

pero se mezclan con torbellinos de sentimientos,

de ideas

que los avivan

como los soplillos a las pavesas,

a las ascuas

que negras en el vientre de la hornilla

con el aire enrojecen y queman.

Me acerco a la calle

para andarla sin destino,

y las ideas se apagan

dulce y sabiamente

para dar tregua

a la cabeza incesante,

hacedora incansable

de pensamientos.

Y absorber por mis ventanas negras

el vaivén de las gentes

que ajenas a mí,

desfilan con sus pequeños mundos a cuestas,

y como círculos entrelazados

notamos a veces

un trocito de sus vidas

meterse en la nuestra.

Es una soledad compartida,

entrar y salir a tientas

de las vidas ajenas

que nos conforma,

nos moldea la nuestra.

La noche llegó

a la luz de las farolas amarillea.

Dulcemente

los niños desaparecen de la calle

y los perros los sustituyen

con sus ladridos menos estridentes

que los gritos de los chiquillos,

más pacíficos,

con menos vida entre sus airados dientes.
Efectivamente parece que el lector avanza también en ese paseo detallado por entre objetos y sensaciones.
Delicada lectura, estimada María.
Con un saludo muy cordial.
Salvador.
 
Ha pasado el tiempo

ausente y gris,

enredado entre los libros.

Aparentemente serenos

pasan los días

pero se mezclan con torbellinos de sentimientos,

de ideas

que los avivan

como los soplillos a las pavesas,

a las ascuas

que negras en el vientre de la hornilla

con el aire enrojecen y queman.

Me acerco a la calle

para andarla sin destino,

y las ideas se apagan

dulce y sabiamente

para dar tregua

a la cabeza incesante,

hacedora incansable

de pensamientos.

Y absorber por mis ventanas negras

el vaivén de las gentes

que ajenas a mí,

desfilan con sus pequeños mundos a cuestas,

y como círculos entrelazados

notamos a veces

un trocito de sus vidas

meterse en la nuestra.

Es una soledad compartida,

entrar y salir a tientas

de las vidas ajenas

que nos conforma,

nos moldea la nuestra.

La noche llegó

a la luz de las farolas amarillea.

Dulcemente

los niños desaparecen de la calle

y los perros los sustituyen

con sus ladridos menos estridentes

que los gritos de los chiquillos,

más pacíficos,

con menos vida entre sus airados dientes.
Paseo atrevido entre una soledad que anuda
sendas de profundidad intima.
excelente el recorrido de tu obra. saludos de
luzyabsenta
 
Ha pasado el tiempo

ausente y gris,

enredado entre los libros.

Aparentemente serenos

pasan los días

pero se mezclan con torbellinos de sentimientos,

de ideas

que los avivan

como los soplillos a las pavesas,

a las ascuas

que negras en el vientre de la hornilla

con el aire enrojecen y queman.

Me acerco a la calle

para andarla sin destino,

y las ideas se apagan

dulce y sabiamente

para dar tregua

a la cabeza incesante,

hacedora incansable

de pensamientos.

Y absorber por mis ventanas negras

el vaivén de las gentes

que ajenas a mí,

desfilan con sus pequeños mundos a cuestas,

y como círculos entrelazados

notamos a veces

un trocito de sus vidas

meterse en la nuestra.

Es una soledad compartida,

entrar y salir a tientas

de las vidas ajenas

que nos conforma,

nos moldea la nuestra.

La noche llegó

a la luz de las farolas amarillea.

Dulcemente

los niños desaparecen de la calle

y los perros los sustituyen

con sus ladridos menos estridentes

que los gritos de los chiquillos,

más pacíficos,

con menos vida entre sus airados dientes.
Y es que es tan difícil percatarnos de la cruz que otros llevan a cuestas, cuando la nuestra parece tan gigante y pesada.
Nostalgia y melancolía arrancadas desde las raíces del alma.
Saludos.
 
Ha pasado el tiempo

ausente y gris,

enredado entre los libros.

Aparentemente serenos

pasan los días

pero se mezclan con torbellinos de sentimientos,

de ideas

que los avivan

como los soplillos a las pavesas,

a las ascuas

que negras en el vientre de la hornilla

con el aire enrojecen y queman.

Me acerco a la calle

para andarla sin destino,

y las ideas se apagan

dulce y sabiamente

para dar tregua

a la cabeza incesante,

hacedora incansable

de pensamientos.

Y absorber por mis ventanas negras

el vaivén de las gentes

que ajenas a mí,

desfilan con sus pequeños mundos a cuestas,

y como círculos entrelazados

notamos a veces

un trocito de sus vidas

meterse en la nuestra.

Es una soledad compartida,

entrar y salir a tientas

de las vidas ajenas

que nos conforma,

nos moldea la nuestra.

La noche llegó

a la luz de las farolas amarillea.

Dulcemente

los niños desaparecen de la calle

y los perros los sustituyen

con sus ladridos menos estridentes

que los gritos de los chiquillos,

más pacíficos,

con menos vida entre sus airados dientes.

Hermosos versos en su arte melancólico. Saludos.
 

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